domingo, 6 de diciembre de 2009

Travesía nocturna

Entre mis omóplatos delgados él hunde su rostro y aspira mi aroma. Después se deja estar invadido en mi perfume que lo colma. Siento el fuego de su respiración adherido a mis vértebras que son como piedras pulidas y pequeñas que ascienden hacia mi nuca clara donde hay nidos de pájaros que se quedan a dormir en la mañana profunda. Él apoya su boca en ese universo que sabe a agua azul, a espuma, a carradas de rosas y me aspira durante segundos infinitos. Cuando despega sus labios, yo canto con el corazón repleto de resguardos y amparos, con la espalda invadida de gotas de saliva que penetran mis poros y viajan hacia mi alma por las rutas de mi sangre encendida. Me río en la templanza de su boca, en el cosmos que se encierra en sus brazos, en sus palabras otorgadoras de dones y presentes. Mi cabeza se olvida de pensar en temores y se pierde en sensaciones conocidas, pero nuevas esta vez. Así podría descansar en la pangea segura de que nada me sucederá por más que se rocen eternas las fallas y suturas. No sabía que dormir con vos era como volver al hogar que nunca tuve y es tan efímero como una noche más en el camino de regreso hacia la confianza que deseo tener para ser mejor.

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