sábado, 12 de diciembre de 2009

Ubi ?

a Mariano
¿Dónde vivía antes cuando yo sí existía, pero no habías aún buscado mi confianza ni establecido el pacto que me da carnadura y sostiene?
¿Dónde estaba mi vida cuando yo era feliz, pero estaba incompleta porque desconcía tu palabra de hombre que penetra de verbos la luz de mi cintura y la funda como otro territorio de soles, de mares, de tormentas?
¿Dónde me continuás buscando a través de distancias para obligarme a ritos de amor que desconozco como si antes no hubieran sido más que meros ensayos para poder ampararte en mis brazos, encima de mi pecho, a través de mis sueños?
¿Dónde pude decir esto es un acto que fructifica en besos si nadie me alcanzaba porque yo estaba huyendo y ahora te aguardo para que llegues con tus gestos guardados entre líneas?
¿Dónde aprendo a leerte si no es en tu risa que me circunda para enseñarme lo que guardan tus signos que son significados diferentes a todos los que estuve leyendo y brillan en la noche como piedras magnéticas en medio de la selva?
¿Dónde oculto mis miedos a que pudieras irte y dejarme vacía en una noche densa y repleta de fieras?
¿Dónde dejo la ropa que me sobra porque tus ojos me visten de colores y me embellecen en la hora matinal en que me empatanás de risa y salgo de la miasma en que surgió la vida, del caldo primigenio de las bocas que se pegan en mi espalda que se entrega sin resistencia al peso de luz que la atraviesa tan temprano?
¿Dónde digo que todo es una calma de flores, de tilos perfumados, de gatos que duermen en mis brazos, de tazas de té, de pan y mermeladas, de frutas y limones, de dulzuras pretéritas que pensé no tenía y vos me las traés a manos llenas?
¿Dónde empieza mi cuerpo que descubre otro sexo como si fueran los días primeros de aquella adolescencia pero es ahora y sé cómo se siente la humedad de mi piel deshecha entre tus manos que vuelven a darle forma a mi delgada espalda en la que crecen alas con las que vuelo liviana en la mañana azul?
Vos y yo, ¿dónde estamos si no es en esta primavera que nos moldea en medio de temores que vamos suavemente aceptando para que hagan llanos y nuestros pies recorran las planicies dejando atrás los días escarpados del miedo a sentir, a pensar, a entregarnos?
¿Dónde dejé mi pesada mochila y voy sin cargas, transparente y traslúcida a la luz de diciembre que es tan dulce como un cuenco rebozante de almendras y frambuesas?
¿Dónde puedo decir que deseo que me tengas, que no me dejes ir, que me hagas nadar en el estuario profundo de tu alma donde hay miles de peces que me llaman con su perfume de sales y de espuma?
¿Dónde escucho tus dolores apenas esbozados pero propios como maderas en el bosque del día que te lleva y te trae?
¿Dónde digo que sos un puerto con tiendas de maravillas desparramadas en los muelles y yo busco entre telas, entre cajas de mercancias llegadas de otros territorios por los que yo no anduve nunca y mis ojos no se cansan de verte entre sedas de India, perlas de oriente, incienso y mirra hasta que llego a la copa de cristal que me tendés con el vino dulcísimo de tu sangre y la bebo para dormirme embriagada en tus superlativos seductores?
¿Dónde andaban mis besos por aguas subterráneas para llegar a la profundidad del mar que me entregás y volvés a entregarme como si nunca me hubieras entregado nada y me debieras todo, sin darte cuenta de que cuando abrís la boca para decir ideas descabelladas un mundo se construye repentino, con planetas que giran, con ciudades de bronce, con escaleras de piedras volcánicas y calles sorpresivas donde las mariposas se arremolinan al golpe de la brisa salina?
¿Dónde pienso que entonces estamos juntos y es una fiesta de sentidos e ideas y el corazón se llena de temblores cristalinos mientras vos te reís y yo amo tu risa que trae pájaros con tules bordados en el pico que nos cubren mientras hablamos de nada y nada porque en la nada todo se enhebra en la boca con el hilo de la mutua saliva de nuestras palabras?
¿Dónde si no en tus brazos es que me voy por la vida preguntándome dónde y no hallo respuestas más que volver a decirme dónde dónde dónde y continúan los días en tus ojos vespertinos y en mi alegría matinal y profunda?

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bellísimo.
Me quedo sin palabras y callado.
Como siempre que te leo.
Joaquín, desde Bogotá trabajando contigo a la distancia.

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