miércoles, 6 de enero de 2010

Vos y yo

El deseo y el amor.
La furia y la calma.
La soledad y la compañía.
La madeja imposible de lo que se perfila.
La simplicidad de lo que tememos entender.
Lo que no hay que entender.
Lo racional a ultranza.
La grieta irracional.
La perfección y los bordes irregulares.
El silencio y la palabra.
Tu boca en mi cuello.
Mi cuello en tu hombro.
Tu sueño y mis miedos.
Tu miedo y mis esperanzas.
El mundo que puede ser mejor y se resiste.
La frustrada agonía que canta como un balde cayendo en el aljibe.
Los pasados amontonados y los que quedaron desparramados.
Los insólitos barcos, los trenes, los aviones.
Las rutas bajo el implacable sol del verano que hace tiempo no tenés.
Tus mujeres.
Mis hombres.
Los que éramos antes.
Los que somos ahora.
Lo que nos preexistía.
Lo que nos sobrevivirá.
Tu mano en mi cabeza.
Mi cabeza perforada de sensaciones.
Las sensaciones derramándose por mi vientre hasta el pliegue mojado de mis rodillas.
El mar allá y la luna azul de la última noche del año.
Mi lapicera de tinta y tu bolígrafo.
Las almendras y el ajo.
La copa de vino y el vaso de agua fresca.
La lluvia que nos moja y el sol como una espada implacable.
Tus palabras medidas y mi borbotón imparable.
El mundo que se hace y se deshace desde siempre.
Lo que dicen los otros sobre nosotros mismos.
Lo que nosotros decimos sobre nosotros y sobre los otros.
Lo que callamos.
Los mapas y los viajes.
Tu increíble risa: la más viril de todas las que hay en la tierra.
Tus ojos que cambian de color y los míos de gata bajo el sol del invierno.
Tu frío, mi calor.
Tu intempestivo caos, mi obsesivo orden.
Yo que no sé llamarte y vos que me llamás con nombres que te crecen como hiedra en los labios.
La pausa en que nos vamos desprendiendo de los errores que fuimos cosechando.
La empecinada forma de no poder ser otros pese a todo.
La geografía y lo poco que nos queda de historia.
El carro que arrastramos, las pesadas mochilas.
Los que fuimos con otros.
Las tormentas que pasan y las que nos empapan desde siempre.
Los hijos que tuvimos, los que deseábamos tener y no pudimos.
La familia que nos dio la vida y la que hubiéramos deseado que fuera.
La que intentamos formar, la que no pudimos, la que queremos.
La música y los libros.
La cocina y el baño.
Tus abrazos y mis besos.
Los gozos y las sombras.
Las mieles y las sales.
Los papeles en blanco y las páginas saturadas.
Mis caminatas sin fin y la tarde que muere.
Los muelles y los faros.
Las frutas secas y las frutas frescas.
Las sábanas tan blancas y las de colores muy fuertes.
La enredadera que ahoga árboles y las flores encendidas.
El año que termina para que empiece otro.
El sitio en que estábamos hace unas horas y el que nos tiene ahora.
Las primeras vacaciones que compartimos.
Buenos Aires, París y los fósiles de los acantilados patagónicos.
Y todo recomienza cada día.

2 comentarios:

José Legaspi dijo...

Fuerte contrapunto de imágenes, sensaciones, sentimientos, realidades pasadas, realidades actuales...
Narraste la vida de cualquier pareja que comienza, que sigue, que espera, y, que por suerte, cada día recomienza...
Me gusta este blog también, siendo consecuente conmigo mismo, te sigo,
te felicito !!!

Lucía Elisavetsky Campos dijo...

Jujuli, increíble. Cómo te admiro, mamiguitaaa! No sólo por cómo escribís, sino también por tu forma de amar.
Te quiero y textraño muchísimo.
Lululi

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...