No hay peor ciego que un cuervo mutilado.

El mundo se me ha vuelto un lugar irritante donde mis cuervos graznarán hasta que tome un cuchillo y yo misma les hunda los ojos. Aunque pensándolo bien, no es demasiado aconsejable; porque cargar con cuervos ciegos de por vida es un lastre nada envidiable con seguridad.

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