domingo, 21 de marzo de 2010

Acuerdo


Te doy mi palabra porque en ella está mi alma.
Allí donde estés cuidalas
porque ambas son frágiles y están transidas de un ala de dolor,
Escuchalas atentamente porque ellas tienen cosas nuevas para contar
y, luego, con tu lápiz de punta roma, escribí en los márgenes de mi palabra y en los bordes de mi alma lo nuevo que tengas para decirme.
Lo atesoraré todo en una cajita perfumada en la que pondré tus cartas, los dibujos que le hacías a tu nombre, los collares de colores que me trajiste, la seda, los lazos y las presillas que me regalaste para soltar. Allí estarán también nuestras piedras, las canciones y una luna redonda y anaranjada sobre el mar. Si te comprometés a cuidar que no vayan desordenándolo todo, podré alojar en su interior toda tu explosión de superlativos desmedidos, tus mayúsculas descontroladas y los nombres infinitos con que me quisiste nombrar.
Cada tanto, si así lo deseás -yo sé que sí-, podés venir a visitar la caja
y, de paso, traeme mi alma y mi palabra reescritas con tu letra
para que yo sienta que todo marcha bien.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mujer acuática.te adoro.



el agua clara, agua tornasolada

precedió a la vida como la aurora

anunció al sol, vencieron a la nada

una lejana indefinida hora



descendemos de la primera lluvia

que decidió mezclarse con la arena

es quizás por eso que el alma es turbia

y vierte en gotas saladas su pena



no ha dejado de fluir incesante

en un tiempo circundó al paraiso

a la sombra de sus tilos fragantes



o inundó la maldad que dios no quizo

ella le da al hombre lo que merece

por ella muere y de nuevo florece.

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