viernes, 19 de marzo de 2010

Asfixia

Me llevo una almohada al corazón para ahogarlo,
para que deje de doler debajo de la garganta cuando late,
para que la sangre que bombea no se llene de humores negros,
para que sacuda sus agujas sobre mi carne fría
para que cesen los pasos de avispa del silencio en mi boca desierta.
Pero mi corazón boquea
se hunde en la tristeza
se lamenta
te llama
y se queda esperando hasta que la luz sube
y ya sabe que es otro día en que no volverás

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Los largos años que yo he compartido con Mariano desde muy joven, sus dolores enormes y sus períodos muy oscuros y solitarios se habían atemperado junto a vos. Se lo oía liviano y contento. Y si eligió no decir su enfermedad y pasar los últimos meses junto a una mujer que lo hacía sentir como el adolescente que nunca había sido, yo, desde acá, tan lejos, levanto mi copa y brindo por mi amigo y la mujer que lo acompañó en el tramo último de su vida. No te conozco, Julieta, pero te conozco mejor que si te hubiera visto. Te leo todas las mañanas antes de ir a enterrrarme entre fórmulas y artículos y sé que Mariano estaba absolutamente entregado a tu amor de mujer breve. Y sé que era así porque tuvimos una larga charla telefónica en diciembre y él me habló mucho de vos. No le prestes atención a nadie que te diga cosas desagradables y seguí rescatando de tu memoria esas imágenes de Mariano Levin que, querida amiga, sólo poseés vos y que tenés la enorme generosidad de compartir con quienes te leemos.
Desde donde esté brindando con armagnac con Peries, seguro que esa copa la levanta pensando en vos y lamentando no poder ir esta noche a cumplir tu deseo de dormir abrazada a él.
La muerte es una enorme cagada, pero el amor es una bendición. Y quienes tienen la dicha de haberlo vivido aunque sea una vez han recibido un don. Mariano Levin lo recibió de tus manos.
Un saludo
J.W

Lis dijo...

Entonces, ya ves, Juli. Somos varios los que te leemos tempranito y te acurrucamos en nuestro corazón.
Por mi parte, te pido que sigas haciendo lo que tan bien hacés y que tan bien me hace.
La memoria viva de Mariano en vos. De ese Mariano que disfrutó la vida en tus brazos
y la redescubrió en tus palabras y en tu cuerpo breve.

No me imagino.
cómo se hace
para olvidar por un solo momento al ser amado.
No me imagino
recomenzar todo
sin esa parte que te completa.

No te pido fortaleza, Juli.
Te abrazo fuerte, muy fuerte, en tu dolor.

Anónimo dijo...

Querida Julieta:
Desde este pueblo lejanísimo y en inglés en que vivo, te leo cada tarde al regresar a casa.
Yo sí te vi: una sola y única vez en una fiesta en el mes de diciembre a la que pensé que Mariano no iba a venir. No sólo lo hizo sino que, además, entró abrazando a una "leve" mujer de bucles y vestido negro. Cierro los ojos y lo recuerdo como si fuera hoy. Te presentó y se le notaba en la mirada y la voz el deseo y el amor. Pensé, esa noche, que. por suerte, Mariano te había encontrado porque ustedes dos se miraban como lo hacen dos personas que están de vuelta en el camino de la vida y han hallado la maravilla del amor. Bailaron toda la noche, lo vi reírse y abrazarte y quise que Mariano fuera feliz para siempre, que `perdiera, de una buena vez por todas, ese "deber ser" que lo había acompañado desde las aulas del Sacrosanto Colegio y quien te diga que demuestres que él te amaba es, simplemente, porque jamás supo mirar cuando lo vio contigo.
Mariano Levin era mi amigo de la adolescencia, mi compañero de banco en el Colegioy yo quiero agradecerte a vos, a quien rocé apenas con mi mirada, que lo hayas elegido para enseñarle la alegría de estar vivo.
Un abrazo
Jorge

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