martes, 30 de marzo de 2010

Cada hora.


Remonto cada hora como si fuera un río torrentoso.
Voy entre dejarme caer y sostenerme.
No cuento el tiempo en días, meses, años;
sino en pequeños instantes que se resumen en darme cuenta
de que te has muerto para siempre,
de que nada ya es igual,
de que debo susbsistir no sé bien para qué...
Y peleo con voluntad
para no dejarme ganar por el deseo
de aquietarme,
de abandonarme,
de entregarme al llanto otra vez cada vez.

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