lunes, 15 de marzo de 2010

Cicatrización

Paso la lengua sobre mis heridas para que sanen
para que el tiempo acelere su función de cicatrizador;
pero no hay nada que remedie la tristeza...
Aunque se forme costra
aunque teja la piel sus células de lanzadera
adentro el dolor se concentra
y estalla
y vuelve la carne otra vez a llorar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Inti Paula Escobar dijo...

Ohh qué pena lo que ha sucedido aquí! ...venía leyéndote desde un suceso fortuito: quería dibujar el mar, un mar agitado como el de las tormentas, pero terminé aquí, en 'acuáticas' ('acuatica' no tiene nada en su blog). Me llegaste, te leí y me pareció increíble, eras el mar de la tormenta, la sensación que buscaba...

Y ahora todo este lío. Hoy volví a entrar, lo último que había leído era lo de 'La memoria'. Me sorprendieron los nuevos títulos: 'Para el que escribió el anónimo', 'Alguien me pide pruebas'... qué pena Julieta (o Giulia)! Me da mucha pena una situación así en medio la otra, indiscutiblemente triste, que sabés contarnos a través de tus textos.

¿Qué más decir? me envolvieron tus textos, me entristecieron y me hicieron pensar muchísimas cosas... y sentir.

Me duelo por vos, y este es mi pequeño escrito, pero vos! Qué bien que sabés dolerte!

Te envío fuerza, virtual, que al menos provenga de mis ganas de leerte.
13 de marzo de 2010 00:03
Julieta Pinasco dijo...

Julieta Pinasco dijo...

Paula...qué de penas inútiles cuando hay tanto que sanar.
un abrazo
Julieta/Giulia

Anónimo dijo...

Increíblemente, Julieta, esto me duele como si de verdad lo hubiese conocido Mariano.

Y en el fondo pienso que vos nos regalaste esa oportunidad: de saberlo noble, de creerlo integramente tuyo y gigante.

Gracias por Mariano.
Gracias por dejarnos ser parte de ese dolor, que sabemos, no tenemos la más remota posibilidad de remediar, pero que conocemos y entendemos como si fuese nuestra carne la que duele así.

A mi no me preocupa perder esos textos que me esperanzaron con que no tenía la necesidad de ser la que no se conocía. Tus palabras, muchas veces, me enseñaron a vivir con el desdoblamiento de la que soy.

Y creo que nadie te va a poder ayudar tanto como vos. Porque desde que te leo. siento que tus emociones son honestas consigo mismas, y no se permiten vivir de lo que no las alimenta.

No sé si sirva, pero de verdad siempre te admiré. Y no sólo x tus vivas emociones sino, también, por tu generosidad para compartirlas con nosotros.

A tu ordenes,
siempre.
Agus

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