Cuerpos

Me pesa el cuerpo que es asiento del alma.
Desmonto sus fragmentos para localizar el sitio donde quedó el músculo que protege tu rostro.
Es curiosa la muerte: se lleva primero el movimiento, luego el calor y más tarde la forma.
Y el cuerpo se olvida de los otros que iban habitándolo.
Quiero creer en algo.
Me atormenta el recuerdo definitivo de la corrupción y el final.
Necesito pensar que entre las piedras, empujando su peso, tu espíritu es eterno y canta apoyado en mi cuello.
Nada subsiste ahora, excepto mi memoria.

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