lunes, 29 de marzo de 2010

Cuerpos

Me pesa el cuerpo que es asiento del alma.
Desmonto sus fragmentos para localizar el sitio donde quedó el músculo que protege tu rostro.
Es curiosa la muerte: se lleva primero el movimiento, luego el calor y más tarde la forma.
Y el cuerpo se olvida de los otros que iban habitándolo.
Quiero creer en algo.
Me atormenta el recuerdo definitivo de la corrupción y el final.
Necesito pensar que entre las piedras, empujando su peso, tu espíritu es eterno y canta apoyado en mi cuello.
Nada subsiste ahora, excepto mi memoria.

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