martes, 16 de marzo de 2010

De vientos y desiertos


Si estuvieras aquí, te contaría que he empezado a leer nuevamente El paciente inglés; quizá porque busco anclas conocidas que me digan las palabras que espero volver a oír sobre la muerte y el amor.
Pero la vida de los libros es inesperada y propia y guarda emociones que no recordábamos o que no tenían significación en alguna lectura anterior.
Cuando leí lo que transcribo abajo, recordé nuestra fascinación por el viento patagónico ("ese nuevo actor en mi vida", me escribiste en una carta que tengo aquí...) y tu continua sensación de que la desértica mesesta era el fondo de un mar abandonado por el que vos y yo empezábamos a transitar.

"En el sur de Marruecos hay un viento en forma de torbellino, contra el que los fellahim se defienden con cuchillos. Otro es el aref que abrasa con numerosas lenguas. El bist roz azota el Afganistán durante ciento setenta días y entierra aldeas enteras. Otro es el caliente y seco ghibli que da vueltas y más vueltas y ataca el sistema nervioso. El haboob es una repentina tormenta de polvo procedente de Sudán que se adorna con brillantes cortinas doradas de mil metros de altura y va seguida de lluvia. En el aire siempre hay millones de toneladas de polvo, como hay también millones de metros cúbicos de aire en la Tierra y más seres vivos dentro del suelo que pastando y viviendo sobre él. Herodoto registra el simoom ante el que una nación se enfureció entera, le declaró la guerra y avanzó en perfecto orden para resultar rápida y completamente sepultada.
Pese a estar rodeado de arena y tierra, en aquel desierto, yo sabía que estaba en el mar. En Tassili he visto dibujos rupestres de una época en que los habitantes del Sahara cazaban hipopótamos desde barcas hechas con caña. En Wadi Sura vi grutas cuyas paredes estaban cubiertas con pinturas que representaban a nadadores. Allí había habido un lago. Aún se encuentran arpones en el desierto. Eran gente de mar.
"

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...