sábado, 27 de marzo de 2010

El arca


Cuento horas como si fueran gotas en una tormenta y en un arca llena de suaves melodías llegás con tu pequeña muerte debajo de los brazos, ovillada como si fuera aire que pasa, que se esconde en tus dedos y la dejás volar en una estación donde hay otros que aguardan que pase tu muerte para decirte adiós con un pañuelito bordado.
En la orilla del agua, mis horas forman un río azul que lleno con una copa hasta el borde para que tu arca navegue liviana en mi memoria sin huesos y con decenas de pececitos azules mientras el amanecer sabe a silencio y a sol que nace con su abrigo calentito.
Quiero que estés feliz en tu barca que lleva piedritas, fósiles, papeles y tu risa en las velas rojas que se hinchan con viento y estrellas de arena incandescente.
Quiero que abras los ojos y me veas con mi vestidito de gasa blanca y mis rulos recién peinados, descalza y con la piel perfumada, tu collar de color en mi cuello y una canasta de mimbre para darte mientras pasa tu barca con tu muerte chiquita
Yo te veo mirarme y te digo que te quedes conmigo pero vos me contestás que falta todavía y tu barca da la vuelta en el río de mis horas y queda en mi recuerdo la luz cambiante de tus ojos hondos.
No voy a llorar porque te vi cara de pan tostado en otra mañana que es una gota para la copa de mi río y tu barca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué bellamente hermoso!!!!!!
Es apabullante y a la vez reconfortante leer como día a día vas metamorfoseando tu dolor ante la muerte de Mariano.
Es como ir viendo ese corazón que te va cambiando de color.
Cada día que pasa, cada vez que entramos con mi mujer a leerte a la mañana antes de irnos al laboratorio pensamos que Mariano tuvo una suerte infinita al estar a tu lado porque de un río tan torrentoso y claro no puede sino beberse vida. Y queríamos decírtelo para que te pusieras un poco contenta.
Que bendición que escribís, que le escribís a él, que nos escribís a nosotros y que a la vez te escribís a vos misma para seguir viviendo.
No sabemos cómo es tu pelo, cómo son tus ojos o tus manos...pero sabemos cómo es tu alma y sabemos, por boca de Mariano, quién eras para él.
Ojalá cada uno de nosotros tuviera alguien que lo escribiera así después de haberse ido; porque es como si, de verdad, Mariano no se hubiera ido jamás de tus palabras.
Gracias Giulia!
Martín y Ana

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