lunes, 29 de marzo de 2010

Emmanuel Levinas y la ética como primera filosofía


Ando a la caza de algo que me dé sentido, de algo que le ponga palabras a lo que se está gestando en el interior de mi alma.
Leo, anoto en una libretita, pienso, vuelvo a leer, anoto...
Sé que hay un cambio que depende de mi absoluta voluntad y sólo le estoy dando tiempo a mi cerebro para que reconozca cuál es el rumbo.
Así ya he pasado por Ondaajte, Yourcenar, Borges -nuevamente-.
Y ahora llegué a Levinas y su ética.
Emmanuel Levinas era un filósofo lituano nacido a principios del siglo XX que hizo sus estudios en Alemania y Francia. Discípulo de Husserl y Heidegger, sufrió la persecución nazi en carne propia por su condición de judío. Enseñó en París donde murió hace 15 años.
Para Emmanuel Levinas el vínculo con el otro es irreductible a la comprensión y sólo se da en una situación de lenguaje. La relación cara a cara con el otro no es perceptual o visual, sino siempre lingüística. El rostro no es algo que yo veo, sino algo a lo que le hablo. Más aún, cuando le hablo o lo llamo o escucho al otro, no me reflejo en él; sino que estoy sumida activa y existencialmente en una relación en la que me concentro en el individuo particular que se halla frente a mí. No contemplo, converso.
Levinas establece una diferencia entre el decir (le dire) y lo dicho (le dit). El primero es ético y el segundo ontológico. Para él el decir es el acto de exponerse -corpórea y sensiblemente- al otro hombre, la incapacidad de una de resistirse al acaercamiento del otro. Es la posición de mi yo que afirma, que propone o que se expresa frente al otro. Es un desempeño ético verbal, cuya esencia no se puede captar en proposiciones constatativas.
Por contraste, lo dicho es una declaración, una afirmación o proposición cuya verdad o falsedad puede ser demostrada. Lo dicho es el contenido de mis palabras, su significación identificable, mientras que el decir consiste en el hecho de que esas palabras está dirigidas a un interlocutor
Para Levinas el sujeto ético es un sujeto sensible, tiene una vulnerabilidad, una pasividad perceptiva para con el otro, que se da en la superficie de la piel, al borde de los nervios y todo su impulso fenomenológico consiste en describir la sensibilidad como proximidad con el otro.
La ética leviniana no es una obligación para con el otro mediada por la universalización formal y procedimental de máximas. Es vivida en la sensibilidad de una exposición corpórea ante el otro. Gracias a que el yo es sensible, o sea vulnerable, víctima tanto del hambre como el eros, es digno de ética.
Y ese yo leviniano lo primero que dice no es "Cogito ergo sum" sino "Me voici!": un sujeto que emerge en respuesta al llamado de otro.

Emmanuel Levinas, Difficile Liberté. Essaïs sur le judaïsme.

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