jueves, 25 de marzo de 2010

Hipermercados



Mariano y yo íbamos, a veces, juntos al supermercado.
En realidad, la frase anterior expresa justamente eso: íbamos juntos a...
Después de nuestra primera ida compartida a Jumbo, comprendimos que lo mejor era que, adentro, cada cual tomara su camino y reunirnos al terminar.
Para que se comprenda esto quiere decir: auto, estacionamiento, dos carritos, beso y chau.
Yo tengo en mi computadora una lista donde figura lo que compro todos los meses. Creo que una busca periódicamente las mismas cosas así que para qué hacer cada vez una lista. Mejor tener una estandar y tachar lo que no haga falta en el mes. En mi caso, además, la lista está armada en el mismo orden en que repito el recorrido por las góndolas siempre idénticas del Carrefour.
Voy a hacer las compras con espíritu militante: de pie frente a la tarea a cumplir, sin demoras y con la máxima eficiencia posible.
Así soy yo. Me ordeno mucho desde afuera para controlar el desbande interior.
Mariano, en cambio, iba por una cosa y volvía con trescientas que no sabía si necesitaba, pero le habían gustado. Paseaba por los pasillos como quien está en Firenze bajo un sol primaveral revisaba cada envoltorio, cada estante con vocación investigativa. Iba y volvía sobre sus pasos zigzagueantes, probaba todo lo que fuera probable.
Yo terminaba antes -siempre- y me sentaba a tomar un café hasta verlo aparecer con la cara iluminada por una sonrisa para mostrarme sus tesoros.
Siempre, en medio de mi compra, le mandaba un mensaje de texto: Doctor, cómo me gusta hacer las compras con usted.
Y él me contestaba al rato: "No tanto, Profesora, como a mí."
Después, cada cual pagaba lo suyo y volvíamos juntos de comprar.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...