martes, 23 de marzo de 2010

Inmanuel


La vida guardada detrás de celosías y el viento que sopla afuera barriendo con lo que queda por limpiar.
En algún lugar de Alemania, el filósofo Inmanuel Kant funda el "deber ser". Su letra germánica dieciochesca despoja al hombre del instinto en nombre de una ley aplicable a toda situación.
Acá o más allá de las fronteras, Hölderlin brama colándose en las grietas de la razón y Francisco Goya proclama en sus grabados que "los sueños de la razón engendran monstruos".
Pero Kant, que nunca salió de su Königsberg natal, sigue escribiendo sobre imperativos categóricos y moral.
Tras los muros de mi ciudad reina una algarabía feliz que cualquiera podría confundir con falta de control.
Sin embargo, cuando pusiste tu pie en mi reino, alabaste mi mantenido espacio, mi orden y mi sistematicidad; y te dejaste flotar en el sol que me alumbra al ritmo de tamboriles, cascabeles y coloridas enseñas de seda contra el viento mientras yo labraba nuestros nombres con una sortija de plata en la escarcha no menos frágil que los cuerpos que nos supieron albergar.
Ahora han empezado a aullar los perros por un bocado que nadie les quiere quitar.
¿Los escuchás desesperarse a la luz de una luna amarilla?
¿Qué harían si yo abriera mis cofres y las palabras guardadas salieran dispuestas a morder?
Los individuos somos múltiples rostros de frente a la existencia y elegimos qué cara a quién mostrar.
Tus ojos se mojaron en mis ojos y nuestras bocas rozaron el lecho profundo de la mar.
Detrás de las murallas queda lo que yo tuve y tengo, lo que siempre fue mío, lo que quiero guardar.
Que cada cual se calce la bota que le quepa: yo sólo sé en qué vereda me toca caminar.
En mi ciudad sólo entra aquel a quien yo abra la puerta.
Que los otros queden afuera para aullar.

1 comentario:

Lis dijo...

Juls,
Vos me intuiste, me adivinaste, me leiste,
me interpretaste...

Nada.
Gracias.
En nombre de la vida y de la belleza.

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