martes, 23 de marzo de 2010

Julián: treinta y cuatro años de preguntas

¿Cómo habrá cabido el dolor y la tortura en tu cuerpo de hombre recién estrenado?
¿En quién habrás pensado mientras tus células se morían de electricidad y de miedo?
¿A quién habrás llamado a los alaridos en la oscuridad?
¿Cómo habrá ordenado tu alma la experiencia antes de ser hundido para siempre en el río?
¿De qué forma mis besos se habrán quedado sobre tu piel?
¿Qué habrás pensado mientras se abrían las rejas?
¿A qué perfume rancio habrá olido la capucha que te impidió la luz?
¿Qué trozo de esperanza habrás guardado en el velo de tu paladar?
¿Se habrá abierto tu boca para decirme que te encontrara y te sacara de las garras de la Muerte que llevaba uniforme color azul?
¿Quién habrá lastimado tu triste cuerpo mío que recién empezaba a vivir?
¿Quién fui después?
¿Quién soy ahora que te digo que nunca se bajaron tus banderas como insignas en mi corazón?
¿Dónde quedaron, arrancados de cuajo, los días del amor adolescente que nos llevó tan lejos?
¿Qué se hizo del reino que fundaste en mi piel?
¿Cuánto dolor soportó tu memoria de los siglos felices antes de hundirte en un presente de negrura infinita?
Yo querría que sepas que te extraño, que siempre pienso en vos, que los dolores quedan latiendo bajo las cicatrices, que los besos futuros no taparon tus besos, que, allá lejos, yo también te pensaba y deseaba morirme como se quiere morir cuando uno es joven y el mundo es una espina abriendo la carne poco a poco.
Yo querría que sientas que te amaba y que te amé en cada hombre que albergué en el corazón.
El amor se transforma en algo milagroso que nos ayuda a continuar.
Siempre pensé en tu soledad en el fondo del agua, en tu cuerpo mojado por la espuma, en tus huesos de líquidos cristales.
Solo de soledad pretérita, infinita y eterna como se fue tu desaparecida alma treinta y cuatro años atrás.

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