lunes, 15 de marzo de 2010

Las elecciones gramaticales

No sé por qué me levanté pensando en El paciente inglés del canadiense Michael Ondaatje. Fui a mi biblioteca y lo saqué. Me cuesta mucho leer en estos días: no me concentro con facilidad, las palabras me resultan angustiosamente emotivas y no las puedo soportar. Abrí el libro y lo hojeé distraída. Como siempre, está lleno de subrayados y anotaciones por lo que la frase me saltó a la vista con velocidad: "La muerte significa estar en tercera persona". Entonces entendí que yo siguiera hablándote compulsiva y cotidianamente. Hablarte a vos es intentar que no te mueras nunca; es querer que me escuches más allá de tu objetiva posibilidad, es conservarte oreja viva de mi boca insaciable y vacía.
Me recuerdo explicándole a un alumno el poder de la segunda persona que borra al sujeto enunciativo de la superficie textual para volverlo presencia ineludible. Es sólo un yo quien dice vos y sólo un vos quien hace un yo. La lengua no es sólo un listado de palabras y las áridas reglas; es una forma de comprender el mundo y sus borrosos rumbos. Mientras yo te diga vas a tener que estar para escucharme; vas a tener que retardar tu muerte otra hora y otra y otra hasta que sean tantas las horas demoradas que yo me haga viejita y me toque partir para encontrarte para volver a emplear el "nosotros" que tan bien nos salía.

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