sábado, 13 de marzo de 2010

Ahora

Ahora me levanto,
camino por la casa dormida
y me pregunto
cómo es la tibieza de la tierra,
en qué momento el cuerpo se deshace y el alma se evapora,
de qué forma la memoria construye los recuerdos anclada en la sustancia perecedera de los hechos
y el presente se embaraza de pasados pequeños para que nazcan sin prisa los futuros.
Yo me pregunto entonces tantas veces
de qué forma te hablo para que vos me escuches,
para que sepas
cada lágrima que me moja la cara como lluvia,
cada caricia que se muere en gesto,
cada palabra con que venzo al silencio.
No podrán derrotarme las muertes sucesivas que dictaste.
Te diré tantas veces que volverás al mundo,
no al de las placas ni al de los periódicos
(¿A quién puede importarle semejante vanidad ?)
sino al íntimo mundo en que nos encontramos y supimos tenernos.

Ahora me levanto,
digo otra vez tu nombre, que es una tibieza de repente en mi sangre.
Pobrecita la Muerte,
creyó que te tenía y se llevó tu cuerpo
y dejó tu memoria donde duermo anidada
y ya nadie me alcanza.
Me bordea tu risa aunque vuelva a llorarte.
Y allí, tan sólo allí, vuelvo a ser Giulia, Giulina, Giulísima.

Ahora me levanto,
camino por la casa silenciosa,
y me pregunto cómo es posible el sol, las mañanas de otoño, los dibujos, los libros
y vos me contestás que sólo la palabra me rescata del dolor donde moro
y espero que me entiendas y sepas que te quise y que vos me querías
y en esa flaca puerta no penetra la muerte
porque huele a hierbabuena y menta
y el tilo se deshace en el viento que sopla mientras lo limpia todo, excepto mi memoria.

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