viernes, 12 de marzo de 2010

Desasosiego

Tus ojos tenían pequeñas cuentas de colores
y se cerraban con mansedumbre de amanecer cuando me hablablas
y tus palabras trepaban por mi cuello mientras tu boca devoraba mi boca enamorada.
Ahora me despierto en medio del silencio.
El lecho es una cama abandonada.
Huele a lavanda el cuarto
y a triste desazón cuando recorro el patio.
Nadie riega las plantas.
Nadie prepara cenas.
Cuando suena el teléfono nadie se ríe lejos.
Yo me levanto, me visto, me desvisto, vuelvo a acostarme
y el mundo rueda como un engranaje que se aceita a sí mismo.

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