miércoles, 10 de marzo de 2010

La memoria

La memoria es como esas imágenes hechas de mosaiquitos: de lejos parecen un todo; de cerca son una superposición irregular de fragmentos que no terminan de acoplar bien entre sí.
Mi memoria de vos es un solo mosaico de tu techo.
Tiene colores de mesetas amarillas, piedras rojas, viento imposible, álamos flexibles.
Tiene muchas rutas, senderos y caminos.
Tiene el rugido de olas y el calor del sol.
Tiene cenas a la luz de lunas infinitas, palabras escritas, dibujos, fotografías, libros.
Tiene las miles de veces que bailamos solos bajo los tilos.
Tiene un café intomable y transparente, frascos de mermelada casera, panes y galletitas de afrecho.
Tiene relatos sobre hijos, padres, hermanos; deseos de familias que no serán porque vos ya te fuiste.
Tiene una panadería en Villa Roch que quedará vacía sin nosotros.
Tiene a Moulinsart huyendo por los tejados y Monsieur Le Chat mirándote como si fueras el invasor en el territorio de su felicidad.
Tiene sopa de zapallo, berenjenas, asados con salsas secretas y galletitas con pasas para desayunar.
Tiene canciones que escuchábamos mil veces y otras que cantábamos sin parar.
Tiene besos, abrazos, un espacio entre cuerpos donde apenas cabía una luz.
Tiene tu risa y todos mis suspiros, sábanas enredadas y el perfume perfecto del amor.
Tiene lo que me regalaste y lo que yo te di.
Tiene tus alegrías últimas y mi dolor infinito que con el tiempo mutará en cicatriz.
El resto del dibujo es de los otros: ellos sabrán qué deben completar.
Yo miro ese mosaico que es mío y tuyo: lo lustro, le descubro nuevas vetas y me alcanza para saber quién fui.

1 comentario:

olga dijo...

AHORA

Ahora te sé, pues te recuerdo.
—Saber es recordar según el griego—.
Ahora sé más de ti que cuando estabas.
Ahora puedo medir lo que me deshabitas.
Ahora sé más de ti por lo que falta.
Te digo más, porque el silencio impera.
-Más resuena la bóveda
cuando más solitaria está la nave-.
Tus gestos sin soporte son tus gestos,
sin cejilla que ajuste los sonidos
suenas mejor a ti. Ahora te siento.
Desanudo el cordón del embalaje
a ver si hay algo más que nada dentro.
Las cosas distraían; las ideas,
los mundos, el sonido. Interferían
sombras que te alejaban, me alejaban.
Ellas sobrevolaban, tú me sobreentendías.
Quizás no como entonces, así estamos:
tú en mi memoria, acaso yo en la tuya.

Ahora te sé, por cuanto te recuerdo.

PILAR PAZ PASAMAR

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