jueves, 11 de marzo de 2010

La vida


Bosque Petrificado, Chubut
Fotografía de Mariano Levin

Suena el reloj y me levanto como una sombra de mí misma.
Pienso en las hojas de la parra que crecen sin que las veamos porque así es la vida: una pulsión que sucede más allá de nuestra voluntad.
El aire se ha enfriado esta mañana en que el verano empienza a terminar.
Mi cuerpo se ha abreviado hasta el imposible, pero mi corazón está lleno de vos.
Algún día el dolor dejará de doler como una llaga.
Recordaré entonces los días en que aprendimos la felicidad.
Pensaré en todos los momentos que pude regalarte: tu boca de perro hambriento masticando mi cuello, tus manos insaciables ancladas en el mar ancho de mi cadera, tu voz hablándome en la penumbra del cuarto mientras la noche se corría hacia el día, tu risa arrinconándome en el zaguán como una novia prematura y perfecta y la ternura que latía en tu alma después del acto infinito del amor.
Sé que moriste repleto de mi vida,
con la piel impregnada del olor de mi piel.
Yo sigo acá,
sola de todos los instantes que tuvimos
Sigo con vos porque esa es ahora mi única manera de existir.
Dejará algún día la pena de apenarse porque la vida es una cinta de brotes que se imponen.
Yo volveré a reír; pero será tu risa la que nazca en mi boca y con tus ojos yo volveré a mirar.
El amor es una puerta que se abre en el viento y ahí la muerte no puede penetrar.

2 comentarios:

maria dijo...

Julieta
Te leo y percibo la evolución de
éste proceso tan doloroso y por momentos tan complicado de transitar.
Aunque siento que te quedaste con lo más valioso que tenía tu hombre, su amor por vos.
Aprovechalo; Hace menos árida la soledad que nos dejan las ausencias.
María

Agust dijo...

Qué linda!

A estás horas ya debés estar premiada.
Qué orgulloso debe estar Mariano de vos!
Y que privilegio el de él, que pudo ver como tu prima Olga recibía el premio.

Un beso Juli.

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