viernes, 12 de marzo de 2010

Lo dialógico

El día que te conocí, digo la primera vez que nos vimos, porque ya nos habíamos escrito muchos mensajes, vos habías dejado temprano el laboratorio y habías salido a correr para no pelearte con alguien, no me acuerdo de quién se trataba.
Hablamos hasta tarde, comimos una pizza espantosa porque a vos te estaba prohibido el queso y me contaste, ya entonces, de tu adolescencia poética, de lo que escribías allá lejos y hace tiempo y de la nostalgia que te producía sentir que había un camino que en tu vida te había sido impuesto.
"Me maravilla tu vocación", dijiste.
Es que no es vocación, te contesté, la literatura no es algo que yo hago, algo que yo sé. La literatura es lo que yo soy.
Levantaste los ojos interrogándome.
Yo me sonreí y te expliqué que jugaba, de chiquita, a enseñarles a leer y escribir a las muñecas, a las que ponía en fila, junto con mis hermanos, les leía cuentos y se los explicaba en un pizarrón verde que me había pintado mi papá.
Sigo jugando como a los 8, dije, es sólo eso. No dejé de hacer lo que yo soy desde siempre.
"Yo no sé bien qué soy ni qué quiero yo sin estar al servicio de lo que quieren y quisieron los demás.", comentaste entristecido.
A lo largo del tiempo en que estuvimos juntos, esta certeza de tu duda pobló nuestras conversaciones y a través mío recuperaste las lecturas literarias y la escritura de poemas (tengo guardados todos los que me escribiste). A veces yo me sentía algo culpable de haber despertado una crisis y me calmabas hablándome de tu padre, de tus estadías en Biblioteca leyendo a Apuleyo, de tu deseo del latín y el griego.
Recuerdo que aquel día primero del encuentro, al regresar a casa, yo te envié un poema del turco Nazim Hikmet:

Por arriba del mar la nube malva,
sobre el mar una barca de plata,
en el mar el amarillo pez,
en el fondo del mar el alga azul,
a la orilla del mar, de pie, desnudo,
un joven piensa:

¿Tengo que ser la nube
o ser la barca?
¿Tengo que ser el pez
o el alga azul?

Ni una cosa ni otra, ni una cosa ni otra:
es necesario ser el mar, muchacho,
con su nube, su barca, su pez y su alga azul.


Me contestaste de imediato y, desde ese día, nunca más pudimos dejar de escribirnos.
Quiero que sepas que no es justo, nada justo, que me hayas dejado a cargo de todas las palabras.
Deberías contestar de alguna forma porque ya te expliqué mil veces que Mijail Bajtin sostenía que todo es diáologo.
Y a mí me está fastidiando hablar tanto tiempo sola.
Y ya sabés que, fastidiada, suelo ponerme insoportable.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si te queria tanto por que no se tomo la molestia de escribirlo el. Cuantas cosas mas vas a escribir de lo genial que fuiste para su vida?

Pablo dijo...

ratooooooooooonnnnnnnn..... o debería decir, avestruz.

Anónimo dijo...

Julieta, sé que este es un espacio muy importante para vos y no es mi dseo invadirlo, pero después de lo que acabo de leer, no me queda otra que hacer un comentario.
Cada uno transita su dolor como puede. Algunos escriben cosas maravillosas como vos y otros pelotudeces. Me pregunto, por qué Mariano debía publicar que te quería?? Sigo preguntándome, por qué tenía que dar a conocer que vos fuíste la mujer elegida pra hacer el último viaje?? Por qué vociferar los proyectos que tenían?? Me parece que el que escribió este anónimo no tiene idea como funciona el amor
Mi querida Julieta, este no es tu problema, en tal caso es de aquel/lla que no puede entender que vos fuíste importante para él Creo que vas a tener que seguir escribiendo esas cosas maravillosas que te unieron a Mariano, porque gracias a eso nosotros, pudimos conocerlos.
Un besote muy grande
Majo

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