lunes, 8 de marzo de 2010

Medea y el feliz cumpleaños

Habíamos ido a ver Medea y todo había derivado en una conversación enfebrecida sobre el teatro griego, el lugar de las mujeres en la Atenas clásica y tu teoría apocalíptica de un futuro universo sin XYs. Me acuerdo que miraste alrededor -la platea era predominantemente femenina- y dijiste: "Estas se van a regodear cuando la bruja se vengue matándole a los hijos." Yo me empecé a reír. "Y vos", dijiste, "vos sos la reina de las brujas, pero a veces sos tan dulce, tu piel es suave y ...¡qué voy a hacer... estoy perdido como un Levin en medio del desierto!" Te reìste y me agarraste la pierna. "Y encima te pusiste esa blusa roja... ¡Mi Dios!" ¿Te desagrada?, dije. "No, al contrario, pero me pone tonto y mañana ando perdido todo el día." Corrieron una tela sobre el piso y empezó la función. Cuando salimos, nos fuimos a tu casa y comimos queso sin sal y ensalada. Después pusiste la pasta en mi cepillo y esperaste que saliera del baño. Amaneció muy pronto y, mientras yo intentaba dormir un rato más, vos analizabas la obra a los gritos desde la ducha. Cuando saliste, yo ya sabía, se me vino encima el hombre pantano que eras cuando no te secabas sólo para mojarme. Sin poder escaparme, me dejaste empapada y sólo me quedó también ducharme. Cuando aparecí en la "pieza grande", ya habías hecho tu café intomable, estaba el dulce de frutillas que yo había hecho sobre unas tostadas y me sentaste en tus rodillas para abrazarme. Después yo me fui al colegio y un pibe, al entrar, me dijo que yo tenía cara de feliz cumpleaños.

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