sábado, 6 de marzo de 2010

¿Qué hacemos con París?.

Duermo. Camino. Trato de ver el sol que sigue como un demonio de calor -dicen , yo tengo frío- allá afuera Intento alimentarme levemente, lo que puedo. Miro tus fotos. Te pienso todo el tiempo. Busco armar los lazos con los que pueda llevarte en mi memoria: oír el viento sumergirse en los árboles; sentir el agua cayendo por mi cuerpo anestesiado.
Y me pregunto cómo y no encuentro palabra que me explique tu muerte ni me dé una respuesta para seguir creyendo que mañana podré, que en la hora siguiente voy a reíme porque ya sé que no vendrás a rescatarme, a decirme lo linda que me puse; a abrazarme y olerme mientras decís que no es el perfume sino mi piel, a ponerme la pasta en el cepillo cuando dejás el baño y entro. No vendrás para comprarme galletitas con pasas y decirme que sos el hombre proveedor y yo la mujer en la cueva que debe alimentarse.
¿Qué habría sucedido si yo me hubiera muerto? Vos seguirías de pie porque eras fuerte; porque te reías diciéndome que esos eran los sentimientos y en carcajadas exclamabas abrazándome fuerte: "Esos que no sentimos, Julie..."
Yo me quedé sin mis nombres, Mariano. Vos te los llevaste todos y me dejaste con este seco Julieta que te sonaba extraño y deformabas. Necesito encontrarte, hay tantas cosas todavía que no pude contarte.
¿Qué hacemos con París que nos esperaba en abril para formar parte de nuestra vida juntos? Un día, yendo ya no recuerdo a dónde, te dije que todos los caminos conducen a Paris y te reíste. "Eso es a Roma", me corregiste. Para ir a Roma, a Madrid, a Berlín, a Cracovia, te aclaré, siempre, hay que ir por Paris. Me extendiste la mano y me dijiste: "Es cierto. " Siempre Paris aunque se vaya a Alaska: tu Saint-Paul y mi Musée de Moyen Âge van a estar esperándonos por siempre: ya no iremos los dos a caminar por el Quartier Latin y Le Marais se morirá de pena debajo de la lluvia como me muero ahora de dolor después de otro día en que no puedo encontrarte aunque te busco como si yo fuera Teseo y Ariadna se hubiera olvidado la madeja. El laberinto de tu muerte es una cueva oscura y ahí estás solo y no puedo alcanzarte para envolverte con mi piel y besarte para que vengs a Paris que nos aguardará por siempre.

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