sábado, 6 de marzo de 2010

Teseo, Ariadna y el Minotauro


Hoy, cuando sean las 19 y 3o, se habrá cumplido una semana de tu llamada para decirme: "Juls, me voy al Italiano porque la fiebre no me baja".
Y yo me sentiré la misma Ariadna idiota que no supo tenderte el ovillo para salir del laberinto de la muerte que te esperaba con cabeza de Minotauro y sangre perimida para devorarte en tres horas y dejarme llorando, sola, a los gritos, que no hay razón cuando caen las piedras una tras otra en tu tumba lejana.
La lana roja se me moja desnuda entre mis brazos flacos y ya no tengo fuerzas para gritarle a esa puta leucemia que se la hubiera agarrado conmigo que yo era sana, que yo tenía fuerzas para vencerla y te quería tanto como sigo queriéndote.
Llegué tarde a la puerta de tu muerte y ya estabas adentro y el Minotauro te tenía tendido en esa cama blanca y yo, con la madeja en la mano no supe protegerte y te fuiste como agua entre mis dedos delgados para siempre.
Y escribo porque es lo único que sé hacer en este laberinto en que ahora me encuentro sin tu abrazo.

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