lunes, 22 de marzo de 2010

Otoño

Ha empezado otro otoño.
Llueve y las hojas del ceibo cubren mi patio.
El día se vuelve mansamente gris.
El ciclo rueda sobre sí mismo: luego vendrá el invierno, la primavera y un estío que tal vez sea feroz.
La noche llega pronto con su manto sin luces
y el cielo es un esmalte traslúcido y duro donde los pájaros no pueden volar.
En otro otoño,
en otro mundo,
en otra vida
nos vimos por primera vez.
Nada volverá a tener el matiz de tu risa.
Los zapatos quedarán vacíos para siempre.
Como las hojas, caerán las camisas sin tus brazos
y el cielo de tu mirada no dará vuelo a mis pájaros.
Anochece temprano en esta vida
y el sol tarda en salir.
Voy caminando por la calle desierta.
Llueve una lluvia lentísima y triste que trae aguas antiguas y mías.
Querría que me digas donde dejé el abrigo: sopla un viento de cristales filosos y delgados.
La orilla de la vida ahora se adormece y yo no quiero que la vayan a despertar

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