lunes, 29 de marzo de 2010

Padre


Cuando mi hermano Pablo se fue a Francia tenía sólo 23 años.
En todos esos años volvió dos veces: en la primera mi padre todavía vivía.
Cuando el año pasado, mi hermano y yo nos encontramos en Marsella, hablamos mucho de nuestro papá. Fue una charla plácida, sin reproches ni rencor. Pablo recurría a mi memoria de hermana mayor para que le contara qué era oír a un padre desde la adultez.
Es curioso, le dije, mientras los padres desean decirnos qué aprendieron del vivir, nosotros, los hijos, no tenemos las ganas ni la paciencia suficiente para oírlos. Nos fastidian, necesitamos deshacernos de ellos para saber quiénes somos por nosotros mismos.
Pero después, cuando ya estamos dispuestos, cuándo necesitamos saber cómo vivieron, si supieron y logragron alcanzar la alegría, ellos ya no están para responder.
Recuerdo que mi hermano dijo algo así como si nuestro padre habría tenido otra mujer además de nuestra madre. No lo sé, dije, pero ojalá que alguna vez haya podido ser feliz.
En algún lugar de aquella mesa, en esa playa del Mediterráneo, mi padre estaba sonriendo y sintiéndose contento por nosotros dos.
Sé poco de mi padre: nada excepto la tristeza de sus ojos grises, la ternura infinita de su abrazo y la falta que me hace cuando no sé bien qué camino seguir.
Pienso en su muerte, en el día en que decidió que ya había sido suficiente para él, en el amor con que yo, en aquel banco, acaricié sus largas manos pálidas.
Pienso en mi padre siempre en un recodo de mi camino, silencioso y a la espera de mi regreso para tenderme una manta para aliviar el frío que me calaba los huesos.
Pienso en su derrota y me entran una ganas terribles de gritar que la muerte es siempre una injusticia aunque sepa que la axiología poco tiene que ver aquí.
Nada más solitario que el silencio en que todos quedamos cuando nos atraviesa y nos deja boqueando como peces a la orilla de su inmensidad.
En estos días, papá, me falta el aire y he perdido la fuerza que me hacía feliz.
Querría preguntarte cómo sigo, que besaras mi tibia frente triste y que me mintieras diciéndome que todo va a pasar.

1 comentario:

Lucía Elisavetsky Campos dijo...

Jujuli, tu papá te diría que todo va a pasar y no mentiría. Todo va a pasar, mantenete fuerte como lo estás haciendo. Y si necesitás un abrazo.bauness, acá estoy, salgo corriendo para allá. NO LO DUDES EN PEDÍRMELO! EN SERIOOO!
texxxtraño y te adoro, mamiguita.
bsssss

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