martes, 23 de marzo de 2010

Tacto

Tocaré tus ojos con mis dedos
y sentiré que sigues viendo lo que mis yemas ven.
Giraré el rostro en algún colectivo
porque creeré haberte visto al doblar una esquina invernal
y será que mi alma no deja de llamarte.
Quiero que vuelvas,
que me abrigues en la anchura de tu abrazo
y me susurres las palabras que conocías para calmarme.
Quiero que vuelvas a poner mi cabeza en tu pecho para que llegue el sueño
y yo deje de ser esta llaga que vaga vacía y deslucida por donde ya no podés andar.
¿Para qué hablo si no podés oírme?
¿Para qué si moriste de muerte inevitable?
¿Cómo anda mi cuerpo que pena solitario?
¿Cómo mato la angustia que se angustia de verme?
¿Adónde voy ahora si todo me atormenta incluso cuando llueve?
Como un soplo de aire me quebrarás la sombra
y volveré a mirar al sol hasta volverme ciega.
Sin luz seré un estante vacío donde quedaron frascos, retratos, pinturitas.
Voy como un corazón sin sangre
como un cuerpo silente de silencio infinito.
Se me caen las manos de a una y a montones.
Te llamo
y mi voz es un eco que se pierde perdido en el estéril borde donde toco tus ojos con mis dedos para verte.

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