miércoles, 17 de marzo de 2010

Viaje al fin del milenio

Cuando en julio pasado me fui a Europa, te presté un libro. Fue Viaje al fin del milenio del escritor israelita Abraham B. Yehoshúa. Te lo dejé como un recordatorio `personal que te acompañara durante el largo mes de mi ausencia y porque es un libro que me ha deparado infinitos instantes de felicidad.
Cuenta la historia de Ben Atar, un judío sefardí de Tánger, que, en el año 1000, se ve obligado a bordear la costa atlántica de Europa hasta el río Sena que remonta para llegar a París donde vive su sobrino. De allí parten a la aldea de Worms para defender ante un tribunal askenazi el amor por su joven y segunda mujer. Pero la travesía a través de la Europa medieval trae consigo la muerte de quien, justamente, él deseaba defender y lo deja sumido en la profunda de las tristezas y sin nada por lo que vivir.
En estos días he releído los mails que me enviabas a mí que recorría aquellos territorios y en los que me vas comunicando los progresos de tu lectura y el entusiasmo alegre por un libro que es pura maravilla. Yo allá y vos acá y el libro como un puente que nos unía a través del océano profundo y abarcador.
Pienso entonces en cómo las piezas de la vida se resignifican y cobran una coherencia que quizás nunca pretendieron tener: viajes, amor y muerte y los relatos que siempre nos dijimos: yo, a través de todos los libros y papeles que te fui dando y vos, cuando me mirabas con los ojos brillantes y me decías: "Tengo una historia que te quiero contar", sabedor de que jamás podría decir que no.

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