domingo, 14 de marzo de 2010

Villa Roch

Era después de Navidad. Volvíamos del mar en un día gris que pronto se resolvería en tormenta. En el viaje de ida, me habías ido mostrando dos o tres lugares donde querías que yo sacara fotos. Te gustaba que te siguiera como un perro obediente con mi cámara, viendo con mis ojos lo que vos habías visto ya. Eras capaz de detener el auto en medio de un aguacero sólo por el maravilloso color gris que dibujaban las nubes y, armado de un paraguas, me tapabas para que yo retratara el cielo, un árbol de magnolias, una estación de tren.
Volviendo a Buenos Aires, a mano izquierda, después de habernos detenido en dos puentes abandonados y oxidados, me dijiste: "Paremos ahí". Ahí eran quince casas, una calle polvorienta, una iglesia vacía, una locación policial, un par de perros aburridos deambulando entre gallinas batarazas y un local en cuya entrada había un cartel que decía Panadería donde vos entraste mientras yo me demoraba sacándole fotos a una mujer que lavaba ropa en un fontón de lata.
Cuando entré ya habías armado la función y el panadero te había vendido tres paquetes de yerba "Andresito" a cambio de un permiso para que pasásemos a la zona del horno para ver. Mientras vos le preguntabas todos esos datos que siempre solías requerir (si le alcanzaba para vivir o cómo lo había afectado el cambio climático o de qué forma el Estado lo ayudaba ...) yo entré en un lugar penumbroso donde había unos canastos de pan apenas vislumbrados entre la luz colorada y caliente que salía de una puertecita abierta a cierta distancia del suelo.
Mientras el hombre te explicaba sus penurias y afuera empezaba a llover, yo fui paseando entre las máquinas y las mesas fotografiando todo lo que había alrededor. El panadero intentó colaborar conmigo y encendió la luz: la magia al instante se rompió. Ya está, te dije y salimos del local no sin antes comprar cuatro galletas de campo, dos tortas negras gigantescas y una cremona que empezamos a comer mientras caminábamos bajo la garúa por la calle barrosa de Villa Roch.
Me llevabas abrazada del cuello y yo caminaba sin hablar. "¿Sacaste muchas?", me preguntaste al rato. Algunas, dije, lo que pasa es que el tipo prendió la lamparita y se perdió el efecto de la luz.
Te detuviste en medio de la calle y me tironeaste para atrás. ¿Qué pasa? "Volvamos" ¿Para qué? "Le pido que apague la luz y así sacás muchas más." Me agarró un ataque de risa. No seas pavo, te dije, mirá si le vamos a pedir eso al pobre tipo que está laburando. "¿Por qué no? Era un lindo lugar." Sí, te contesté, pero me da vergüenza... Te reíste mientras abrías la puerta del auto. "Además de mala, tímida...es una conjunción que no se lleva nada bien."
La vez siguiente que fuimos al mar, paramos en Villa Roch dos veces: a la ida para abastecernos de yerba y pan y al regreso para traer galleta para regalar. Pienso que el próximo verano, el panadero se sentará triste en la puerta porque no va a tener con quién hablar. Vos te quedaste con ganas de una liebre que él te había prometido que te iba a cazar. Y yo me quedaré sin vos que es como querer sacar una buena foto y que alguien haya apagado definitivamente la luz.

5 comentarios:

analau dijo...

no tengo dudas, julim que hay conversaciones que no se ven en este plano, que hay luces que no se apaguen aunque no las veamos.
"las luces, siempre, encienden en el alma" dice fito
hay vinculos atemporales
beso

Anónimo dijo...

Yo seguiré parando en Villa Roch, tal como te dije en aquel mensaje de texto que te mandé una tarde de enero mientras te ibas para el sur y yo volvía a la costa, y voy a seguir tu consejo: compraré galleta de campo para untar con mermelada.
Veinte años viajando a la costa cada mes....¡a quién se le puede ocurrir para en ese pueblo a comprar algo en esa panadería!

Adriana

Julieta Pinasco dijo...

Y no sabés el ataque de risa que le dio a Mariano cuando le dije que estabas en Villa Roch comprando pan... "Hacemos escuela", dijo. cuando vuelvas de San Bernardo alguna vez te pido que me traigas una galleta de campo para mí.
Te quiero hasta el cielo, Fernández.
(Y a Majo también para que no haga las escenas de celos a las que nos tiene acostumbradas)

Anónimo dijo...

¿Sabés? Cada tanto hago limpieza de los mensajes de texto que me llegan al celular...pero hay varios tuyos que no borré....mañana te muestro uno, creo que va a ser un lindo recuerdo. ¡Ah! Te voy a comprar la galleta de campo a ver si engordás un poquito...jaja

Adriana

Agustina dijo...

Hola Julieta, te escribo desde Villa Roch!
Me encanto tu historia, que bueno que sigas pasando por este pueblito!
Es chiquito pero lindo. :)
Hay paisajes hermosos para fotografiar en el atardecer.
Ojala siempre sigas pasando por nuestro pueblito.

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