sábado, 3 de abril de 2010

Collarcito de colores


Querría hacer un pocito que me llevara al otro lado de la vida, ahí, por un ratito, para verte y contarte cómo va siendo esto de que no estés, de que no vuelvas nunca, de dormir sola, de no oír tu risa, del vacío en que cada día pasa y se acaba.
Querría abrazarte un segundo y preguntarte por qué te fuiste así, sin darme tiempo para que te dijera que sí, que yo quería todo lo que me habías dicho que soñabas conmigo, que íbamos a viajar muy lejos a orillas del mar en una casita de color azul con la familia que decías que querías formar.
Querría besarte en la orejita y susurrarte que a mí me daba un tontísimo miedo, pero quería porque te quería como no quise a nadie, como dudo que vuelva a querer.
Querría que vieras el revés de mi carne que se quedó vacía como una ola que rompe sobre la piedra sin otra cosa que hacer.
Querría que me vieras con el vestido de florcitas, los bucles ordenados para tu mano suave, la piel perfumada y el collarcito de cuentas de colores con el que me enredaste el corazón, parada del otro lado de la vida un ratito esperando verte para decirte que vuelvas, que no te vayas más, que eso no se hace cuando uno le regala a una mujer un hilo con cuentas para anudar el alma.
Pero la vida no tiene otro lado más que este en que estoy y vos no estás más.
Y yo me quedo con el collar pasando cuentas que ya no suman nada más que una memoria que duele como una aguja en medio de la carne y lloro porque no sé hacer otra cosa que entristecerme como si fuera nunca la hora en que pase mi collarcito entero y te pueda encontrar.

3 comentarios:

Silvia dijo...

Querida Julieta:
Soy Silvia; vos y yo nos cruzamos una vez en la vida. Fue en una reunión de trabajo para un proyecto de la rae del cual me bajé un tiempo después, enojadísima. El material que preparé con dedicación, compromiso y esmero había sido descuartizado-según mi perspectiva- por una colega que, casualmente, eras vos. Esa fue la Julieta Pinasco que conocí.
Un buen día, ya no sé cómo, di con tu blog. Y entonces, el asombro. ¿Esta mujer de sensibilidad exquisita, cuya escritura me conmueve y admira, es la misma que yo conocí? ¿Esta mujer vulnerable, esta niña asustada disfrazada de “simpático puercoespín”?...
Sí, es la misma. Lo que no era cierto es que te conociera.
Ahora me gustaría acariciar despacito al erizo, pasar con delicadeza mi mano sobre su lomo pinchudo y decirle al oído que me disculpe por haber creído que era un lobo feroz.
También quisiera decirle muchas más cosas buenas pero no sé cómo, no me atrevo, no soy quién. Lo que sí, quisiera pedirle este favor: que le diga a Julieta que qué suerte, qué alegría, qué bendición escribir como lo hace; que sus palabras están llenas de dolor, pero el dolor no pudo con la belleza, y la belleza le quita al dolor su costado oscuro, aterrador, monstruoso y lo devuelve transformado en un puñado de palabras que laten vivas, frágiles, perfectas, luminosas.
Eso nada más.
Y que aquí estoy.

Julieta Pinasco dijo...

Silvia:
Los erizos tenemos pinches. Muchos. Yo supe adosarme otros a lo largo de la vida para defenderme vaya una a saber de qué porque, a la larga, lo que sucede no puede ser detenido con ninguna clase de pinches.
Te pido perdón por lo que pude haber dicho o hecho. A veces soy despiadada y terrible. Sabé que sólo es una coraza que -ya lo sé- de poco sirve.
Escribir es como respirar. Y yo no quiero dejar de respirar aunque ahora el aire me lastime tanto, aunque no logre entender bien qué hacer con tantísima tristeza. Qué suerte que escribo si no no sé qué haría para sobrevivir.
Un abrazo inmenso.
Gracias por tu afecto.
Perdón por mi soberbia que siempre es desmedidamente impulsiva y no sabe medir sus consecuencias,
Juli

Silvia dijo...

No te preocupes, Julieta; conmigo no fuiste "despiadada" ni "terrible". Tal vez yo desconocía la verdadera naturaleza de los erizos y me tomé los pinches demasiado en serio...
Como vos, soy impulsiva ("pero qué leche hervida, nena" suelen decirme), y de cuando en cuando también saco mis púas (más para defenderme que para atacar, aunque pueda parecer lo contrario). Así que estás disculpadísima...

E insisto: escribir como lo hacés es un don, un privilegio.Vos decís :"escribir es como respirar". Así que, un favor: seguí respirando, Juli.

Un abrazo bien bien grande
Silvia

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