lunes, 5 de abril de 2010

Dormida

Bauness
Agosto 2009
Fotografía de Mariano Levin

A veces te quedabas trabajando hasta muy tarde.
Y yo me hacía un ovillito para guardar tu calor en medio de mi cuerpo.
Vos, cada tanto, te asomabas y me observabas dormir.
Después volvías a tu escritura, mientras yo soñaba con los pajaritos de tu boca que me besaban en ese hueco donde se unen las clavículas y el esternón.
"Ahí, justo ahí," me decías, "hay un agua que tiene gusto a sol."
Vos, entonces, dejabas tus probetas y te acostabas a beber.


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