miércoles, 28 de abril de 2010

Mariano Levin: dos meses recordándote




Me quedo recordándote:
tu risa enamorada de mi boca y mi cuerpo, breve, derramado en tu abrazo;
tus palabras enredadas con las mías en la superficie profunda de la hoja;
tus tiempos de bordearme como fiera enjaulada;
tus regalos, pensados y buscados como ofrendas;
tu entropía angustiosa;
tu sueño de una vida diferente;
tus pasos en la orilla de todas las aguas que bordeamos;
tu brazo enroscado en mi cuello para apretarme cerca;
Me quedo recordándote,
hombre pantano que me despertaba empapándome,
hombre a(hu)mado de esta mujer pequeña que cabía en el hueco profundo de tu mano.
Me quedo recordándote guardada en tu maleta para rozar tu cuello, para aliviar tu espalda;
ovillada a tu lado mientras la noche corre con todo su bagaje de ruidos.
Me quedo recordándote debajo de la tierra, sólo, callado, muerto como se mueren todos cuando la sangre fluye como un río de miedo que no puede enfrentar los anhelos de aire.
Será verdad que soy yo y lo que vos querías que hiciera con mi alma; pero me muero de pena de tanto no tenerte, de que te hayas muerto sin decirme que me quedaba un tiempo de tristeza infinita en que el calor se hizo fresco, en que vendrá el frío y de nuevo el verano y no estarás sino con tu rostro de muerto repleto de luces de colores pero impalpable y lejos.
Aprenderé a estar en mí después de haber tenido la extensión de tu cuerpo que se comió tu vida con una sola dentellada de quietud silencio.

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