jueves, 1 de abril de 2010

El libro de las horas

Acabo de entrar a nuestro blog. Algún día lo tenía que hacer. Tu última entrada se llama "Giuliiiiiiia, te quiero. Muchisimisimas gracias: ya estaré mejor, amor." y es del 25 de febrero. La anterior es este texto mío que no recordaba haber escrito. No pude leer más.


La noche tiene una trémula superficie: lago de piedras que rebotan y vuelan hacia la luna azul.
Tu voz está pegada a mis labios.
He dormido en tu cuerpo,
enredada en tus dedos donde no dejo de adensarme en texturas descubiertas.
Tu boca me recorrió lenta y voraz.
En un vaso
te bebí
como quien toma licores desconocidos, pero que embriagan siempre.
Me dolían las piernas al despertar retenida en tu abrazo
y el día se estiraba en un sol que no terminaba nunca de salir.
Quise decirte que te esperaba,
que siempre estoy deseando
que le des forma de mujer a mi alma,
que abras la luz de mi cintura, los linos espigados de mi espalda,
que te hundas en mí
reclamándome la quietud de la expectación para observarte
y dejar que sedimente el sentimiento profuso de los cuerpos.
Antes desearía que fuese domingo para siempre
y que no tuviera que separar mi piel de tu risa
para sentirme la única, sobre toda esta tierra, capaz de inaugurarte.
Ya todo llegará
y colmará la dicha otra vez nuestras copas.
Habrá fragancia de pieles en el aire
y acabaré dormida en la orilla profunda de tu cuerpo
y te oiré contar fantásticas historias que inventarás tan sólo para mí
para que yo me anude
para que yo me encante
para que yo me sienta una sirena en los mares de Singapur donde los perros le ladran a la luna.
Entonces,
antes o después,
al oído,
susurraré lo que quiero decirte con el vientre repleto de estrellas fosforescentes:
que hace tanto domingo cuando estoy a tu lado
que tenés gusto a casa, a infancia buena, a frazadita a cuadros, a Coca Cola en un micro a Córdoba, a santitos ordenados en fila en una santería, a bosques nevados con caminos que se bifurcan, a mujeres que no supieron verte aunque sí te miraron, a pajaritos y álamos traspasados de viento, a besos en caldos primigenios brotados de pantano, a escobas súbitas e inmateriales;
que hay un hueco en tu cuello donde quiero ovillarme para tejer una tela infinita con tu sangre y la mía que nos resguarde de todos los males que puedan acecharnos.
Y después que lo diga
se detendrán los planetas azorados
y nadaremos en las aguas azules de los últimos mares
hasta encontrarnos debajo de las aguas
donde se hallan los que siempre supieron esperar.

5 comentarios:

Beatriz dijo...

Gracias Julieta por haber arrancado a Mariano del bronce o del marmol o hasta de los frios, helados "papers" y haberlo devuelto a donde por naturaleza pertenece en toda su magnífica grandeza: a la carne y a la sangre.
Guillermo.

Julieta Pinasco dijo...

Guillermo:
El Mariano que me tocó a mí, el que llenó mi alma, el que se niega a dejarme, era de carne y sangre y miedos, indecisiones, alegrías, tristezas, profundas ternuras y pasiones, honduras y risas sin fin, juegos y charlas interminables debajo de un tilo o en la penumbra de una habitación.
El otro Mariano- el del bronce, los papers, los mármoles- yo no lo conocí y pertenece a los otros que sí lo conocieron.
A mí me basta con lo que ambos nos dimos a manos llenas, con la generosidad y la alegría que nos habitó, y con poder compartir con todos -los que conozco y los que no- los que deseen leer lo que vivimos juntos pasado por el tamiz de mi subjetividad.

Un abrazo fuerte
Julieta

Julieta Pinasco dijo...

Querido Guillermo:
No soy yo quien vos creías que era. Mis quehaceres nada tienen que ver ni con la ciencia ni con la salud. Los de quien vos creías que yo era sí. Yo enseño literatura, escribo para algunas editoriales libros de didáctica de la lengua, para otras cuentos, poemas, novelas. Saco fotos y, en los ratos que me quedan dibujo y pinto.
Yo soy su última compañera, a quien Mariano eligió para irse de vacaciones en enero y febrero de este año 2010. (Un día me llevó a cenar a un lugar en Palermo y me propuso este viaje con miles de cuidados porque no debe haber sobre la faz del planeta alguien más fóbico que yo. "Hace años que no me tomo vacaciones", dijo, "y no sé hace cuánto que no viajo con una mujer.") En enero,nos fuimos varias veces a San Bernardo, a una casa familiar donde Mariano pintó rejas, paredes; desbrozó jardines tapados por la maleza. Estaba enormemente feliz, con una alegría casi infantil. Quería escribir una novela y estuvo todos esos días armando conmigo el esquema argumental y la estructura del texto. Después quiso que yo lo acompañara a Brasil donde tenía trabajo que hacer, pero no pude por cuestiones familiares. Cuando a los cuatro días regresó, nos fuimos al sur e hicimos un viaje maravilloso de 20 días por Chubut. Volvimos el 10 de febrero y 18 días después, Mariano se murió.
Ahora trato de seguir, como puedo y con lo que puedo.
Un abrazo fuerte para vos y para Graciela.

Julieta

Julieta Pinasco dijo...

Y ojalá todos, aunque sea en forma vitual, podamos levantar la copa para brindar por la memoria de Mariano.
Gracias, Guillermo, por tu afecto.
Otro abrazo
Julieta

Anónimo dijo...

Hola a todos:
Llegue un dia aca no se como. La cuestion es que no me pude ir mas. Ahora leo hacia atras para llegar al comienzo. Lo hago todas las tardes cuando, en Sevilla, vuelvo de trabajar.
La muerte de tu compañero, Julieta, me ha dolido como si él y yo hubiesemos sido grandes amigos.
He sentado a mi hija de 16 años a mi costado para leerle algunas cosas y ella ha entrado sola a ver tu otro blog, el de tus alumnos, y le ha servido para el instituto.
Que buena suerte he tenido de llegar a ti.
Un abrazo interoceánico
Alberto Méndez Orrabeiquide.

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