lunes, 5 de abril de 2010

Escrito está en mi alma...

Sobre la pared de La chispa había una imagen de la sinagoga Santa María la Blanca.
Te dije cuánto me había gustado la ciudad de Toledo.
Y, como siempre, empecé a recitar a Garcilaso, poeta toledano del siglo XVI.
Cerrando los ojos para que la memoria fluyera concentrada fui dejando en tus oídos un soneto:

Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribiste, yo lo leo
tan solo, que aún de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

"¡Qué bello!", me dijiste, "Recitalo otra vez"
Esa noche, mientras cenábamos, lo repetí cinco veces.

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