viernes, 2 de abril de 2010

Esteban

Yo estaba sentada con Lis hablando en un bar y apareció Esteban que buscaba a su mujer.
Lo abracé fuerte porque es una persona a la que quiero, aunque tan sólo hemos compartido cuarenta y ocho horas en nuestras vidas: esas en que murió Mariano y lo enterramos.
Esteban me abrazó y me dijo en el oído: "Hay que ponerle energía. Vamos, escribí, escribí. Sólo la palabra puede salvarnos."
Y aquí estoy, Esteban, escribiendo para salvarme.

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