sábado, 3 de abril de 2010

King Kong y Jessica Lange o Mi Super Yo y el Ello


Un día, allá, por el mes de junio, yo estaba sumergida en miles de trabajos: las clases, las correcciones amontonadas en parvas que rozaban el techo, el viaje que estaba preparando, las editoriales que querían veinticinco capítulos para al día anterior. Todo en el aire como uno de esos malabaritas chinos que hacen girar mil platos y ninguno se le cae.
Me mandaste un SMS que decía: "Hola, sirenita blanca del Mediterráneo" y yo te contesté que me había comprado una bikini blanca para Marsella y más que sirenita, dado que era junio acá, parecía un pejerrey verde recién sacado del agua. Entonces me llamaste riéndote y me dijiste si quería ir a tu casa esa tarde a tomar mate.
No sé, te dije, tengo que hacer tantas cosas que no puedo postergar...
"El imperativo categórico", dijiste y tu voz sonó triste.
Mi Super Yo es tan fuerte como King Kong, dije, pero esperá que lo amanso un poco y voy. Te cambio mate por cena. Yo llevo postre.
"Dale, te espero, pejerrey."
Ese día cenamos un asado que preparaste con una salsa secreta y el helado de Volta que yo había llevado.
Y me preguntaste cómo estaba King Kong.
Me grita que termine la tarea, que cumpla, que prepare la valija, te contesté, pero, gracias a dios, está, porque, en medio de todo el caos en que he vivido, ha sido este enorme gorila fastidioso el que me ha permitido sobrevivir.
"¿Cómo es eso?", preguntaste, "A mí, el imperativo me jode la existencia, me tiene repodrido y me dejo estar en una entropía que, creo, es mi verdadera esencia. A veces querría olvidarme de tantos mandatos y hallar otro camino: escribir, leer, una casita en el mar. Con vos."
¿Y a King quién lo soporta a orillas del mar? Los que hemos nacido y vivido en medio del desastre familiar, lejos de todo afecto y abandonados a la buena de dios, mejor que cuidemos mucho a King Kong porque necesitamos que esté fuerte y saludable para no enloquecer irremediablemente.
"Lo llevamos.", dijiste.
¿Y qué hacemos a la orilla del mar nosotros tres (incorporando ya al gorila feroz al proyecto) ?
"Yo enseño francés e inglés y vos das clases de español."
Y nos morimos de hambre....
"Pero contentos.", agregaste.
Bueno, hablemos cuando vuelva del viaje, te dije.
"Me va a poner triste que te vayas tanto tiempo. Me parece que te voy a extrañar."
Voy a volver.
"Espero.", te reíste.
Al día siguiente cuando regresé a casa, busqué alguna imagen de King Kong y di con el video de la escena de la catarata en la cual el mono gigante saca a una Jessica Lange, entre asustada y excitada, del agua.
Y te escribí:
Digo yo... ya que el imperativo categórico me domina, me arrasa, me asesina a la vuelta de mi calma... (¡Mi calma viene a ser tan inexistente como el Paraíso perdido de Milton!) y se alía peligrosamente con el Supersupersuper Yo que tengo (King Kong arriba del edificio con Jessica Lange gritando en la manito que la suelte ya de una buena vez porque le da vértigo)...¿no podríamos aprovechar y, cuando nos vayamos a vivir y a morirnos de hambre en el mar, ahogarlo en la primera ola que se nos cruce?
Creo que sería un asesinato superyoico no penado por la ley.
Porque, además, mi King Kong se junta con el Hombre de piedra y el increíble Hulk sumados y multiplicados entre sí. Y encima le doy letra con Kant para que no se sienta poco fundamentado en su despliegue mortal. Un poco de relax mental me vendría bien de vez en cuando, fuera de listas, obligaciones y esa superexigencia de hacer todo mejor que mejor. (Hasta los derrapes y fuera de pistas me salen mejor que nadie, como es de esperar).
Debo ser (¿por qué no escribo "quiero" en vez de "debo"...¡¡¡¡¡¡¡Bájame ya, KK...!!!!!!!) menos excesiva, más liviana, más mesurada y no hago más que ser excesiva, trágica (a la manera griega) y desmesurada. Y me lo propongo y caigo una y otra vez -como ahora- en mi propia fatalidad personal. Vengo a ser como una especie de Casandra inmersa en sus propias palabras y rasgándose las vestiduras al borde del escenario por haberle fallado al dios.
Y no te pongas triste por el viaje, las cosas son así y ya (A veces, cuando Kant se adormece, me domina cierta filosofía zen). Si algo aprendí en estos últimos años (como los tres últimos... tampoco es cuestión de mucho más) es que hay que aceptar lo que hay sin pedir nunca de más. Que, al final, hayamos logrado cenar juntos fue una alegría inesperada . Y estuvo bien así: están mi viaje, tus ocupaciones, las mías, tu familia, mi hijo. A veces es bueno disfrutar lo que se da sin apenarse por lo que uno desearía que fuera.
Ya me voy a ir, ya voy a volver y vamos a desayunar muchas veces más (me encantó que pusieras dulce en mis tostadas)...hay tanto tiempo en el mundo para pasárselo desayunando.
Y mirá este video de Jessica en la catarata con la ropa mojada y en brazos de King Kong. Si lo mirás bien hasta es tiernito mi Super Yo cuando mira a mi Ello que viene a ser Jessica Lange. Yo creo que la calienta el soplidito con que King la seca. Así es mi Ello siempre en la catarata, siempre a punto de ahogarse, siempre desbordado. Pero por suerte está King que lo rescata, lo protege, lo seca y le da una sopa para que esté mejor.
Ando a la pesca de un Yo...por eso me vengo equivocando y quiero aprender (escribí debo pero lo borre.... no vaya ser que King se estusiasme y venga a secar acá.)
Tu respuesta no se hizo esperar:
"A King Kong lo ahogo: yo me quedo con tu Jessica Lange. En bikini de sirena o de pejerrey verde, da igual..."


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