viernes, 2 de abril de 2010

La escoba primigenia

Mariano y yo habíamos llegado en el atardecer del 24 a San Bernardo y lo primero que nos sorprendió fue la maleza desbocada por todas partes. Así que, a la mañana siguiente, empezamos a trabajar. En un par de horas habíamos despejado todo el frente de la casa.
¿Dónde pusiste la escoba?, te dije, Así barro esto.
"¿Qué escoba?"
La única escoba que había. Esa con la que yo estuve barriendo ese lugar donde desayunamos.
"Y, ¿por qué debería saber YO dónde la pusiste VOS?
Ufff, bien, bien, bien, bien...reformulo la pregunta. Estimadísimo doctor, ¿ha visto usted dónde YOOOO puse la escoba que hasta hace cinco segundos YOOO tenía en mis manos?
"No, estimada profesora, ¿por qué iba yo a prestar atención a lo que usted hace con lo que tiene entre manos?"
Te voy a matar.
"Antes deberías encontrar la escoba."
¿Por? No hay relación entre mis deseos fulminantes de asesinarte ahora y la posesión de la escoba. Que yo sepa ningún vínculo de causalidad posible une escobas y asesinatos.
"No lo ves porque tu mente conoce poco de causalidades verificables en el mundo real y se pierde en vericuetos discursivos inconducentes."
Che, sólo quiero saber dónde está la escoba con la que acabo de barrer y estaba acá, y señalé la parecita del lugar donde había estado el auto.
"Además, la profesora cree en la materialización de elementos inexistentes...No, no, no.", dictaminaste, "En esta casa nunca hubo escoba."
Ay, callate, callate. ¿Me estás diciendo que imagino cosas; en este caso, escobas?
"No, te estoy diciendo que vivís en un mundo inexistente en el que, en esta casa, hubo una."
No, nene, no. Yo usé una escoba.
Entraste y volviste con un escobillón.
"Esto es real", te acercaste a mí y lo pusiste entre mis manos, "Tocalo, tocalo. Este es el exclusivo elemento barredor de este lugar. Experimentar con los sentidos es la única manera de verificar la realidad."
Ja, ja, ja, exclamé con el escobillón en las manos, ¡Cómo se nota que a vos no te agarró el genio maligno de Descartes!
"No, porque, gracias al dios del racionalismo, yo pienso."
Y yo existo y tuve una escoba en las manos....¡Ayyyy, quiero asesinarte!
"Callate, agarrá el escobillón y barré en silencio como una buena chica."
Yo no soy una buena chica.
"Eso ya lo sabemos todos, así que fingí un rato y sacá esas hojas secas. Y si te portás bien, mañana te compro una escoba nueva para que estés tranquila Ya sabemos que necesitás un medio de locomoción."
¿Me estás diciendo bruja?
"No, yo no. Te lo grabaron tus alumnos en el capuchón de esa Parker tan preciosa que te regalaron a fin de año y que, en cualquier momento, te robo."
Mejor me voy a comer una pastilla de menta... Pero voy a seguir sosteniendo que yo tenía una escoba y que alguien debe haberse llevado.
"La pastilla, por favor, comela sin triturarla como un castor."
No, no, sujétenme antes de que le triture un paquete entero en la oreja.
"Una trotska, ¡ves que sos una trotska!"
Y vos sos un stalinista que me va a mandar a Siberia por ver escobas que, para tus materialistas ojos, jamás existieron. Y vas a reivindicar el realismo socialista de los escobillones, pibe; pero no importa, en medio de la nieve y el frío, yo me voy a sentar con carradas de pastillas de menta sin que nadie me pida que no las mastique. Y voy a ser enormemente feliz...
"¿Feliz? ¡Qué palabra horrorosa!"
Siiiií, feliz, fe-liz, FELIZ. Con mis pastillas de menta y con la escoba que SÍ existió y alguien se llevó.
"Sí, pibita, existió y se la llevó el genio maligno de Descartes."
No hablo más con vos, Josesito.
Esa tarde fuimos a Disco y me compré una escoba nueva.
El juego pasó sepultado por otros que nos divertían todo el tiempo, desmalezamos el patio de atrás, fuimos a Mar Azul a ver a Lili y a Adolfo, al Faro a sacar fotos y volvimos a Buenos Aires en medio de una tormenta.
Cuando bajé las fotos que había tomado con mi máquina, encontré esta.
Cuando la viste, me explicaste que, en ciertas condiciones, la reflexión de la luz puede producir espejismos: en este caso, el de una escoba junto a un álamo.
Yo sigo creyendo que hubo una escoba primigenia y que, el haberla apoyado al lado de las bolsas de basura, pudo haber conducido a que un paseante pensara que la estábamos tirando y se la llevara.
Nadie cree en primeras escobas, pero que las hay, las hay.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Giulia, hubiera pagado para presenciar esos duelos verbales. Muy divertido.
Un abrazo.
Emiliano desde Río

Anónimo dijo...

Julieta:
Cada día que sigo leyéndote, me doy cuenta de lo que sentía Mariano y me da mucha, pero mucha bronca que la vida haya sido tan perra con ustedes dos. Ninguno de los dos se merecía lo que pasó. Ustedes dos tendrían que haber vivido eternamente. Quería decirlo.
Qué enorme pena lo que le pasó a Mariano, tan querido por mí. Qué enorme pena lo que te pasó a vos, tan querida ahora por mí. Después de tantos años de dolor, cuando hablé con Mariano para fin de año, me dijo: "Encontré la mujer que busqué durante toda mi vida y la pasamos tan bien juntos que a veces no lo puedo creer." Qué enorme cagada todo lo que sucedió.
Sabé, querida Julieta, que cuando me dijo que se iba de viaje contigo supe que Mariano había decidido otras cosas de ahí en más para su vida. Lástima que lo arrastró el pasado y se lo llevó. Desde acá, en esta primavera que empieza en Francia, mi más profunda solidaridad para contigo, queridísima amiga.
José

Julieta Pinasco dijo...

José:
No sé quién sos y tampoco importa demasiado. A veces cuesta asumir lo que deseamos más profundamente. Yo seguiré acá poniendole palabras a lo que siento: mis miedos, mis dolores y el recuerdo de la alegría que Mariano y yo creábamos cuando estábamos juntos. Es cierto: nos arreglábamos muy bien para divertirnos. Un abrazo inmenso. Julieta

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