martes, 20 de abril de 2010

A la mesa con Mariano Levin


El auto salió de Benito Juárez y lo dijiste:
"Si queremos seguir juntos, vamos a ponernos de acuerdo en algunas cosas."
Yo cebaba mate.
¿Acerca de...?
"La mesa. "
A mí me gustan redondas y de madera.
"No, los modales en la mesa."
Ay, Dios, otro no... Ya me tocó uno que usaba muchos cubiertos y pretendía educarme en el protocolo de la mesa. Te voy avisando que no funcionó; así que si querés dejame acá, me tomo un micro a Buenos Aires.
"No es eso.", te reíste, "Es que soy un maniático. Me vas a odiar."
¿Por tus manías? Puedo intentar odiarte por algo más contundente. Decí tranquilo, Levin, si no me pedís nada que atente contra mis principios tengo por conducta conceder. Ya sabés que tuve una casa con perros pese a aborrecerlos, sólo porque al otro lo hacían feliz.
"Bueno, en primer lugar, no tritures las pastillas de menta. Me enloquece."
Dejé el mate y abrí el cuaderno en el que anotábamos el diario de viaje.
"¿Qué hacés?"
Tomo nota. Me parece que viene para largo y no querría olvidarme de nada.
"Me da vergüenza."
Noooo, decí tranquilo.
"¿A vos no te molesta nada?"
Pensé.
Creo que no... así, a priori, no. En general, soy bastante adaptativa y tolerante. Me molestan un poco las personas; pero ya tengo mecanismos que me permiten poner el rostro y evadirme sin que nadie lo perciba.
"Bueno, las manos siempre deben estar sobre la mesa."
Ajá, anoté y empecé a dibujar.
"¿Vas a dibujar cada cosa que diga?"
Es que se me ocurrió lo siguiente: hago las ilustraciones y mandamos a hacer un instructivo autoadhesivo para poner en cada plato cuando invitemos a alguien a comer... así nos evitamos momentos incómodos y desagradables para los invitados cuando vos te brotes como el increíble Hulk porque alguien osó apoyar su manito en la silla fuera de tu vista.
"¡Como vos hoy en el desayuno!"
¡Qué horror! Hoy, cuando paremos en Sierra Grande, me azoto y hago penitencia. ¡Qué espanto, haber apoyado la mano en la silla en el desayuno... ves, tenía razón mamá y vos deberías haberme escuchado cuando yo te dije que ella dice que soy la peor de las peores.
"Con vos no se puede hablar. Sos la maldad personificada.
Como dice mamá. Seguí, Levín, seguí.
"Bueno, nada de ruidos con los cubiertos sobre el plato."
¿Nunca pensaste en vajilla de goma eva?
"¡Nena, te hablo en serio!"
Yo tambien. La goma eva soporta el raspado de cuchillos y tenedores sin el menor sonido. Voy a proponérselo a Rigolleau. ¿Qué más?
"Ay, te vas a reír..."
¿Yo? ¿Acaso me reí de todo lo que venís diciéndome. Noooo, vengo anotando todo con el respectivo dibujito como la chica juiciosa que soy. Dale, decí con libertad. Al lado de los delirios dementes con los que he convivido lo tuyo es hasta gracioso te diría.
"Bueno, nada de comer y tomar arrojado en la mesa."
No, claro, yo como sentada en mi silla, no me acuesto en la mesa. En general, los platos me impedirían hacerlo.
"¿Ves que no me tomás en serio?"
En mi vida, tomé a alguien tan en serio como a vos. Te lo juro. Decí que nos conocimos a esta altura porque si te hubiera encontrado a los veinte, digamos, ya te habría abandonado con la mesa tendida. Ahora, en la vejez, puedo respetar tus obsesiones.
"¿Sí?"
Por supuesto, mientras me dejes aislarme, no llamarte por días, estar sola o en silencio una quincena al mes, no tener que estar con gente, desaparecer en mi encierro interior, ponerme medio autista, no responder, saludar o cualquier otra maravilla de la interacción social, está todo bien.
"¿Tanto?"
No, a veces, querría irme en medio de la montaña sin nadie alrededor, pero después me civilizo y entiendo que los demás son necesarios y que la comunidad humana blablabla... El lema es "Hacé lo que quieras, pero no me molestes." Si sos capaz de tolerar y aceptar eso, yo puedo comer como si la porcelana fuera goma eva, sin tirarme en la mesa, con las manos arriba y hasta dejar mis pastillas.
"Podés chuparlas."
Cuánto te agradezco. No te preocupes cuando vaya a mi retiro espiritual, las mastico en soledad.
Te reíste.
Dejé el cuaderno y volví a cebar mate.
Nunca más volvimos a hablar de este tema y yo me empeñé en ser cuidadosa con todo lo que me habías pedido.
Ahora, cuando trituro mis pastillas, pienso que te molestaría: pero vos ya no estás.

3 comentarios:

Lucía Elisavetsky Campos dijo...

jujuli, me hubiese gustado conocer a mariano! Decís que nos hubiésemos caído bien? Cómo hubiese sido alguna charla entre él y yo? Algún día me lo encontraré... estoy segura.
Te amooooo!
bs
Contame cómo te fue en San Bernardo.

Julieta Pinasco dijo...

Lululi:
Yo le hablé mucho a Mariano de vos, de la hija que me legó tu papá. Se habrían caído muy bien porque él, como vos, era de risa fácil y porque yo te quiero a vos y él me quería a mí... hay algo en el afecto bueno que se transmite con felicidad. Una charla entre ustedes habría sido divertidísima.
Me fue bien en San Bernardo. Fui con amigas que me quieren y no me piden que esté más que como puedo estar, a un lugar donde fui muy feliz en el verano. Me dio tristeza ir por esas calles que todavía guardaban las imágenes mías y de Mariano. Pero estuvo bueno volver y enfrentar eso. Las dos Adris me abrazaron, me alimentaron y me ayudaron a recuperar las imágnes de un pedazo mío que ya no está.
Qué injusta ha sido la vida con Mariano y conmigo!!!

Te superrecontraquiero hasta el DF ida y vuelta varias veces. En el FBK hay fotos del viaje.
Besosbesosbesos
Jujuli

Mónica Volonteri dijo...

Juli, es un texto precioso.

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