viernes, 9 de abril de 2010

Limones con atún

Cuando llegaste a casa, te pregunté si habías cenado.
"No"
Puedo preparar unos filetes de atún.
Viste un frasco con maníes y mientras me decías que sí, empezaste a comerlos.
Yo saqué el pescado del freezer y pelé unas papas que puse a hervir.
Vos comías maní y me hablabas de algo que debía ser probado en ratones. No puedo recordar qué era porque a las pocas palabras yo ya había dejado de entender.
Puse un poco de aceite de oliva en una sartén de hierro y exprimí cuatro limones.
Detuviste tu explicación sobre genes que yo ya ni escuchaba .
"¿No será demasiado?"
¿Qué cosa?
"La cantidad de limones que acabás de exprimir...Son dos atunes y ¡cuatro limones!"
Ah, bueno... ahora además de genetista molecular resulta que sos doña Petrona. ¿No querés cocinar vos y yo hablo?
"No, no, confío en vos. Lo que no sé es si lo hago porque te quiero o porque soy un inconciente que ..."
¿Alguna vez te di de comer algo horroroso?, interrumpí ofendida.
"No, al contrario...Yo decía nomás."
Mejor seguí hablando del cerebro de los ratones.
Piqué ajo mientras los atunes se doraban. Cuando estuvieron listos, les eché los cuatro limones exprimidos y una cucharada de maicena para espesar la salsa.
Saqué las papas y los cubrí con pimentón dulce.
Vos seguías hablando de ratones.
Poné la mesa, te dije.
"No escuchaste nada de lo que te conté."
A partir de la quinta palabra, no entendí nada más. Es como si yo me pusiera a hablarte de ablativos absolutos o de modalidades axiológicas de la enunciación. Andá, poné la mesa.
Coloqué los atunes con salsa de limón en mis platos amarillos, que tanto te gustaban, y las papas con pimentón.
Encima molí una pimienta que había traído de mi viaje por España.
"¿Ya está? ¡Qué buen aspecto! ¡Y qué olor! Pimienta, limón, ajo...", te deshiciste en halagos mientras cortabas el primer trozo de pescado y te lo llevabas a la boca.
El rostro se te transformó.
¿Qué pasa?, exclamé.
"Te lo dije, te lo dije; pero , claro, la señorita es doña Petrona y Juanita juntas. ¡Es puro limón!"
¡Qué exagerado!, dije con suficiencia, Me había olvidado que monsieur Levin sabe de todo y a toda hora...¡Qué va a ser mucho limón! Fue la dosis justa: dos limones por atún.
"Una bestialidad. Desmesurado, como todo lo que hacés."
Te fulminé con la mirada. Y me llevé un trozo de pescado a la boca. Vos me mirabas expectante.
"¿Y?"
Tragué el ácido con dificultad.
Perfecto, dije cuando me repuse, a mí me encanta el limón.
"¿No te parece acidísimo?"
Nooo, y comí con esfuerzo un segundo bocado, está justo. Me gusta así.
Te sonreíste con cierto dejo de maldad.
"Entonces no te va a enojar si yo le saco la salsa y te la doy a vos, ¿no?"
Claro que no, ponela en mi plato.
"Por supuesto, a vos te encanta el limón."
¡Me fascina!
"¿Mucho?"
Muchísimo, mastiqué mientras sentía esa punzada que el ácido excesivo produce en el borde del maxilar inferior.
"¿Y si traigo otro limón y se lo agregás?"
Te miré fijo y tragué.
Vos te largaste a reír.
"Dale, Giulina, admití que te equivocaste y es incomible. "
Hice silencio.
"¿Un poco incomible?"
Bueno, está un poco ácido. Es verdad. Pero sólo un poco.
"¿Un poco? ", gritaste, "Nena, es un atentado contra las papilas y la mucosa estomacal..."
Eso porque vos me hablabas de ratones y sabés que a mí los roedores me ponen nerviosa.
"¿Yo? ¿Es mía la culpa? Si yo te dije..."
Ay, nada peor que un Xy que no admite su responsabilidad en los hechos.
"Nada peor que una Xx terca y negadora. ¡Y caprichosa!"
Dale, si yo te encanto...
"Eso es cierto, pero no tiene nada que ver con esto.
Y vos también me gustás, Levin, deberías saberlo.
"Lo sé, lo sé; pero ahora tenemos un problema..."
¿Uno? Yo diría que tenemos uno sólo para comenzar.
"¿Qué cenamos?"
Ah, no...yo ya cumplí con mi parte en la tarea. Y me salió mal.
"¿Me dejás solo con este asunto?"
¿Acaso el gran Levin necesita, tal vez, ayuda? ¡Eso sí que es una gran novedad!
Te levantaste con los dos platos y volviste a los diez minutos de la cocina con dos sandwiches de atún sin salsa y con mayonesa, tomate, lechuga, rodajas de papa y ají.
Estaban fantásticos.
"¿Y?, me preguntaste cuando terminé el mío, "¿Lo solucionó el gran Levin o no?
Seeee, pero si no hubiera sido por mis atunes con limón, tu sandwich habría sido un fracaso.
"¿Tus atunes con limón?"
Si, mis atunes con limón.
Me agarraste de la cintura para sentarme arriba tuyo.
"Sos un fracaso, doña Petrona.", me sususrraste al oido, "Fueron tus limones con atún. ¡LIMONES CON ATÚN! Pero negociemos y digamos que hoy cocinamos los dos."
Bueh, lo acepto a regañadientes. Pero la proxima evitá la mención de los ratones.
Te empezaste a reír con esa risa que siempre me enamoró.
Y no te rías así, que no respondo de mí, te dije.
"Entonces me río más...", exclamaste a las carcajadas.
Y la casa se llenó de una tibia felicidad amarilla.

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