jueves, 1 de abril de 2010

Milagros

No conozco a Andrea Lasserre.
Nunca vi su cara, no sé cómo se oye su voz, de qué color son sus pupilas.
Ella conoció a Mariano y un buen día apareció en mi facebook para decirme que estaba leyendo mi blog.
Se ha dado, entre ella y yo, una intensa corriente de afecto: entre una epidemióloga que hace grabados y amasa tallarines hace ocho años en París y yo, una profesora de literatura que lee, escribe y trata de hallar ese difícil equilibrio entre recordar y volver a vivir.
Le cuento que deseo irme a Andalucía o Santo Domingo donde no me rocen las miserias de los que no pueden tolerar que yo necesite escribir, llorar, tratar -siquiera- de entender.
Y ella me envía un texto de Barthes que es como decir una serie de palabras que circulan por mi cuerpo como lo hace mi sangre.
Dice Andrea a través de Roland Barthes:
"Retour d'Urt, dans l'avion.
Toujours aussi vive mais muette, la douleur, le chagrin.........
-Je suis malheureux, triste à Urt.
-Suis-je donc heureux à Paris? Non, c'est là le piège.
Le contraire d'une chose n'est pas son contrarie.
Je quittais un endroit où j'étais malheureux et cela ne me rendait pas heureux de le quitter." *

No conozco el rostro de Andrea.
No necesito conocerlo porque ella me ofrece su corazón.
Y, en el medio, Mariano que ya no está, pero nos tendió ese puente.
Y, como con ella, con tantos otros que hace un mes me rodean con su afecto y contención.

A Andrea, especialmente, y a todos los demás, este texto de Borges que se llama "Los justos".
Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


(El mío al menos, digo yo)

*Vuelta de Urt, en el avión.
Siempre tan vivo pero mudo, el dolor, la pena .........
-Me siento desgraciado, triste en Urt.
-¿Estoy pues feliz en París? No, esa es la trampa.
Lo contrario de una cosa no es su contrario.
Dejaba un lugar donde me sentía desgraciado y no me volvía feliz el dejarlo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias, Giulia (me encanta ese nombre que te puso Mariano, por haberme permitido conocer la enorme humanidad de un hombre que me maravillaba con su inteligencia y su generosidad.
Mariano estuvo en Bahía Blanca en noviembre y esa fue la última vez que lo vi. Yo acababa de separarme de mi marido y, por esas cosas de la vida, hablamos de cosas personales. Mariano habló de vos.
Cuando me enteré de su muerte, pensé en vos. Y me dije: ¡Qué pena enorme la de esa mujer!
Intenté hallarte, pero no me acordaba ni de tu nombre.
Ahora que te encontré, quiero que sepas que Mariano tenía tantas ilusiones con vos. Ilusiones de las que ahora entiendo las razones.
Muchas de las cosas que escribiste aquí me han ayudado a estar mejor, a sentir que hay que seguir.
El amor del que Mariano hablaba y el amor del que vos escribís sólo se da pocas veces en la vida.
Me da mucha bronca que no hayan podido tener más tiempo para disfrutarlo.
Contá conmigo para lo que necesites.
Un abrazo
Mirta B.

Anónimo dijo...

Ah, y qué bueno es conocer al hombre apasionado que se adivinaba detrás del biólogo!
Gracias, Giulia, otra vez.
Te paso mis datos por correo para lo que necesités
Mirta

Lucía Elisavetsky Campos dijo...

También podés venir al DF, Jujuli. :)

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