martes, 20 de abril de 2010

Otoñal

El otoño llega manso como un gato viejo. Se ovilla en las veredas con un pausado paso de neblina entre mis vértebras vacías. Tpiza las veredas con sus rastros de hojas amarillas y bosteza en el fondo de sus fauces de lluvia. Después vuelve al regazo a que mi mano triste repase su pelaje brillante. Lo dejo acurrucarse junto a mis pies durante la noche, cada día más larga, sólo por dormir acompañada.

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