domingo, 25 de abril de 2010

Pero...

Me diste todo el aire, pero no me enseñaste a respirar bajo el agua en que me dejaste.
Me diste todo tu tacto, pero te llevaste tus manos que me buscaban.
Me diste las palabras, pero me dejaste sin verbos que pudieran nombrarte.
Me diste desayunos bajo tilos, pero te llevaste las tazas donde beber el té.
Me diste vestidos de colores, pero me dejaste un invierno en el cuerpo donde siempre hace frío.
Me diste pececitos de colores, pero no me enseñaste a ver a través de sus escamas traslúcidas y blancas.
Me diste la ternura que estaba en mi alma, pero te llevaste el cántaro donde hacerla crecer entre las flores de cada primavera.
Me diste tu promesa de muchos días juntos, pero se te dio por morirte como si no importara la palabra empeñada.
Me diste todo, pero ahora tengo sólo una nada que crece en medio de mi pecho y me acuchilla con su filo de escarcha.
Y crecen los vacíos como agujeros sin tiempo ni mañana.


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