lunes, 12 de abril de 2010

Sin cuerpo

Pienso como si mis ideas fueran arañas cuyas telas se mezclan.
Caen las horas en mi regazo, una por una como las uvas que comía, para apurar la muerte, aquel personaje de García Márquez.
Después baja a mi corazón una tristeza vaporosa que me deja con las manos vacías.
Evito hablar, porque las palabras vienen a explicar lo que son sólo sutiles sensaciones que me invaden.
Intento descrifrar el acertijo en que ahora se dibuja mi vida.
Nadie puede decirme qué debo hacer o cómo resolverlo.
Nunca estuve tan radicalmente sola.
Nunca estuve tan multitudinalmente acompañada.
Afuera el munde bulle como si fuera nuevo.
Adentro me desgajo poco a poco.
Los vasos permanecen alineados como cuerpos en los anaqueles
Los platos se quedaron junto a ellos.
Quiero pensar que el tiempo cura todo
y sé, a priori, que nada borrará el dolor de tu muerte.
Los zapatos vacíos me miran desde el borde de la cama.
Yo también he perdido mi cuerpo.

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