domingo, 4 de abril de 2010

Toco tu muerte

Toco tu muerte con la punta de mi corazón y huele a menta como si fuera el campo en que nos detuvimos a cenar. Cae el sol como entonces sobre la hierba húmeda donde navegan tus grandes ojos míos por el torrente de sangre que circula en mi cuerpo que se quedó sin todos los colores con que vos me vestías.
Toco tu muerte porque tal vez, así, si la siento en el tacto profundo de mi alma pueda creer alguna vez que sucedió de veras, que el amor era una luna trepando por el cielo, completándose en su creciente menguancia con todos los besos que nos dimos.
Toco tu muerte como quien toca barro que se deslíe y queda una pasta oscura que se adhiere a la boca. Nada tiene ese tacto que ver con tu cuerpo en mi cuerpo, con tu piel invadiéndome, con tu boca que era una copa donde yo te bebía hasta caer exhausta con el sol en mi pecho.
Toco tu muerte hasta que el corazón me estalla y vuelo con partículas de magma, de algas, de efímeros luceros y cantan en mi cuello los pájaros que cuido para que no agonicen nunca porque ellos repiten los nombres que me diste y que conservo como si fueran flores en todas las macetas de mi casa.
Sé que una mañana a fuerza de regarlos recordarán tu voz y me despertarán cantando.

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