domingo, 9 de mayo de 2010

Almohada

El alma se anodada en el hueco de la almohada y queda el aire traslúcido y efímero que la moja. Ahí están los sitios en que fueron felices los que ahora suspiran des-almados en sus cuerpos vacíos, el tuyo hecho barro debajo de la tierra y el mío arriba, ajado como un vaso. ¿Cómo sabrá ahora mi piel que llega el frío si está desnuda y nada siente alejada del roce de tu tacto para siempre? ¿Cómo sabrá mi boca el sabor de la fruta si está llagada y nada quiere perdida de tus besos para siempre? No hay nada que horade la piedra que me cuelga del pecho: ni gota ni latido ni abrazos que doy hacia la sombra que me dejó tu muerte asida en el borde oscuro de mis párpados. Quiero gritar y me sale un ruego que se adelgaza hasta hacerse inaudible y vos, allá, debajo de la tierra, no llegás a escucharme y termino callando para que sople otra vez el mismo viento inútil que no lo limpia todo, que arrastra mi alma al hueco de mi almohada solitaria.

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