jueves, 6 de mayo de 2010

Desigual

Los días se enrollan y desenrollan en su cúmulo de horas: acá queda una foto sobre la mesa que devuelve un punto clavado en medio de la tristeza. Otra vez vuelvo a llorar como si nunca lo hubiera hecho y la angustia acude con su manta de gasas imperecedeeras a ahogar mis mejores deseos de estar bien. Tal vez sea así: un abrir y cerrar de los ojos en que un mundo nace y se deshace y yo me quedo sola: a veces con dolor. Tengo trajes de todos los colores que cuelgan vacíos de sus perchas y no puedo retratarlos para significar la agudeza con que punza tu ausencia mi carne desnuda. (Las ventanas de Vuleta de Obligado ya no te tienen y no estabas en el bar donde hablamos por primera vez y mencionaste mi brevedad.) Nada tiene sustancia en esta mañana de lluvia y yo quiero ponerme a llorar para que pase el tiempo y vuelva a salir el sol.

1 comentario:

Anónimo dijo...

de SAFO un poema

me parece que igual a los dioses
aquel hombre es, el que sentado frente a ti, a tu lado,
tu dulce voz escucha
y tu amorosa risa
en cambio en mi pecho
el corazón se estremece
apenas te miro
la voz no viene más a mi
la lengua se me inmoviliza
un delicado incendio corre bajo mi piel
no ven ya mis ojos
y zumban mis oídos
el sudor me cubre
un temblor se apodera de todo mi cuerpo
y tan pálida como la hierba
no muy lejana a la muerte
me parece estar
pero debe soportarse
sí así es.

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