domingo, 9 de mayo de 2010

El sudario de Laertes


Dicen que Penélope tejía y destejía el sudario de su suegro, Laertes, sólo por ser fiel al recuerdo del ausente. En esa tela iba armando sus horas y, al anochecer, las desarmaba, sabedora de que otro día igual la esperaba del otro lado de la noche. Odiseo, mientras tanto, era una imagen impalpable en el fondo de su cuerpo que se anudaba en cada fila de hilos con más fuerza. En el ir y venir del telar, ella lo construía como una araña aplicada que lanza su tela para vaciarse y volverse a llenar. Los recuerdos hacían agua en su cuerpo menudo y el dolor era la aguja que sus dedos movían para trazar el ruedo del sudario que albergaría al muerto familiar y al que ella intuía. No tiene peso la historia de los otros: el duelo de la ausencia es una tela que se teje y desteje hasta que cesa el llanto y queda trasmutada la esencia imperedecedera del que ha muerto. Después resta el sudario para envolver el tiempo.

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