Nostos

En la mesa quedaron los platos de ayer, de anteayer, de hace dos meses.
Nadie los ha tocado.
Están limpios, brillantes.
Son espejos de luz sobre las tablas.
Mis manos los transitan sin llegar a rozarlos.
Hago silencio porque el día se puebla de recuerdos y no hay espacio para tanta tristeza.
Cuando no estabas muerto, venías y apoyabas tu boca en mi cuello desnudo y me hablabas.
Ahora sólo queda la punzada profunda: la nostalgia.
Odiseo no vuelve... y en el telar ya se acabó la lana.

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