domingo, 16 de mayo de 2010

Pedir deseos

Trato de no sentir la lacerante herida que no hace otra cosa que doler.
A esta hora, exactamente, pienso cómo es que te moriste sin darme tiempo siquiera a comprender lo que estaba sucediendo.
Vos estabas solo entonces mirando con tus pupilas dormidas cómo te ibas yendo, solo y hacia la nada.
Yo estoy sola ahora mirando con mis pupilas despiertas cómo te fuiste y me dejaste en medio de la belleza de una vida que no hace más que dolerme sin posible reparación.
Y querría cerrar los párpados, soplar muy fuerte y que todo se borre para volver a tenerte en mi abrazo, con tu boca pegada a mi cuello contándome historias de cuando fuiste feliz.
No hay sueños porque ya se sabe que nunca se cumplirán.

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