lunes, 17 de mayo de 2010

Setenta y ocho días


Son tantos hilitos: cientos y todos tienen tu perfume que ya se fue, que ya no está, que no es posible volver a la vida de los cuerpos y la otra es tan nimia como el temblor de un pajarito en una noche de frío. Yo querría una vida donde tu abrazo fuera más que un recuerdo, un espacio con peso y consistencia y no una dimensión mental donde construyo aires que se mueven con la velocidad de un vendaval. Después el día pasa y el devenir hace su obra arrasadora y me olvido de todo, pero en la soledad de mi casa -tan mía desde que vos te fuiste hacia ese hogar que ahora es tuyo hasta la médula livianita que tuviste donde la muerte se enrollaba como una serpiente blanca que mordía tus glóbulos-, en esa soledad, tu ausencia tiene el cuerpo del vacío; tu risa me llena la cabeza, el vientre, la vuelta de los párpados y los ojos se llenan de tristeza inconsolable. Yo riego tu nombre hace 78 días, pero no da sus frutos o en todo caso no da la fruta que podría hacer que mi sed se saciara. Camino en un desierto y el cielo está negro y desnudo aunque no llueva nunca en mi carne dormida. No hay forma de aceptar los zapatos vacíos, las camisas sin vos, la ropa doblada en los estantes. Ta peau n'est pas jamais avec moî. Ego in solitate per secula seculorum ero. No hay mucho que pueda cicatrizar la herida aunque intente cerrarla de mil modos. Los días seguirán en tu ausencia creciendo como granos siniestros que nadie comerá. Hay que seguir viviendo aunque ya no comprenda lo que hago.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...